Se busca detective sin nombre

April 29th, 2015 No Comments

O por qué hay que leer a Eduardo Mendoza cada verano (y venir a escucharlo al Primera Persona)

Es el as de los detectives arruinados, medalla de latón de las existencias insolventes, plusmarquista olímpico de la precariedad (triple salto mortal en las Picornell, la piscina vacía y la ciudad al fondo). Pero cuando quieran dedicarle una calle en Barcelona, tendremos un problema. Porque entre las muchas cosas de las que carece este personaje la primera que no tiene es un nombre.

He aquí algunas hipótesis por las que Eduardo Mendoza podría haberle ahorrado un bautizo al detective de sus cuatro novelas más guasonas: a) No quería que le dedicaran una calle (hizo eso tan raro que es escribir para divertirse, que es la única forma de acabar divirtiendo al lector); b) Pretendía subrayar sus carencias así que lo dejó anónimo: por no tener, que no tuviera ni nombre; c) Quería que cada lector se identificara con él; d) Prefería que fuera el lector quien se lo pusiera; e) Barajó la posibilidad de llamarlo Millet o Maragall, pero al final lo descartó.

Así que al que es, con permiso de Plinio (no el pelota del emperador Trajano, sino el policía de Tomelloso creado por García Pavón), el Mejor Detective Español del Siglo XX se le conoce como “el detective sin nombre”, “el detective manicomial”, “el detective loco”, “el detective amante de la Pepsi-cola”, “el detective de Mendoza” y, permítannos, “el detective favorito de los organizadores de un festival llamado Primera Persona”.

Este detective, como la España de 1978 donde vivió sus primeras cuitas, suele ATRAVESAR problemas morrocotudos. Y quizás él, que ignora la pompa pero que habla con un estilo resabiado, que exhibe una labia con todos los quilates que no atesora en su cartera, no habría elegido el verbo atravesar, porque, como sucede en 2015, “nada hace prever que vayamos a salir por el otro lado”.

Las historias del detective de Mendoza deben leerse en la calle, en el metro, en la playa, en terrazas públicas, en convenciones de telefonía móvil e incluso en auditorios silenciosos para reír impúdicamente y demostrarle al mundo que esto de leer puede ser la monda. Que la euforia que generan sus laberínticas gestas se parece mucho al estado de excitación en el que caería uno después de echarse al coleto los 35 botellines de Pepsi que el detective suele trasegar en cada una de sus aventuras burbujeantes. Para vivirlas, la policía lo saca de la clínica mental, su residencia habitual, quizás porque sabe que solo un loco puede encontrar los móviles lógicos de la realidad (mucho más demente y absurda que la más disparatada de las ficciones).

Que el azar es el único motor de toda historia lo saben los agentes de bolsa, los Hombres del Tiempo, las abuelas del Bingo, los adictos a echar la Primitiva y los buenos novelistas, esos que son conscientes de que la anécdota es la sal de la narración (y que a veces es tronchante y da suerte volcar todo el salero). Bien, pues ya puede entrar en escena una casualidad: este verano estaba volviendo a leer (odio el verbo releer y no lo usaré aunque se resienta la sintaxis: solo dicen que releen los que en realidad no leen jamás) sus aventuras. Leía al fresco en el corral de una aldea zamorana, rodeado de cortinos, orquestas de verbena, bocinazos francachélicos de coches rumbo a la diversión. Decidí entonces enviarle a Kiko Amat un mensaje con un párrafo la mar de hilarante de El laberinto de las aceitunas. Me contestó con otro de El misterio de la cripta embrujada. Los dos habíamos decidido, sin hablarlo antes, volver a Mendoza el pasado verano (decíamos que a Mendoza, como a la aldea y a la cola del INEM, siempre se vuelve). Así que nos prometimos intentar que sus zapatos pisaran el Primera Persona.

Su detective sale de los bajos fondos, duerme en un manicomio y regenta una peluquería (escribió Simenon que su detective Maigret debería ser peluquero, porque son los que conocen mejor el alma humana). Ríe y patalea en el fango y es un poco como esas orquídeas que crecen en lodazales. Es pobre, majara y desgraciado como su tío yanqui, el detective en Babilonia de Richard Brautigan. No llegaron a conocerse, ya que éste solo visitó nuestro país durante la Guerra Civil. ¿El Souvenir? Dos balas alojadas en el pompis que lo libraron de la Segunda Guerra Mundial. El detective de Brautigan no tiene ni para comprar una pistola, pero quizás por eso, y como hacemos con el de Mendoza, regalamos y recomendamos sus libros como si nuestro nombre fuera Mr. Smith y fuéramos puerta a puerta intentando endilgar el maravilloso libro de los mormones. En parte lo hacemos por si algún día a esos detectives les alcanza la calderilla de los derechos de autor para comprarse una pistola y se pueden cargar a todos los mandarines de la literatura aburrida.

No nos importa mucho que Mendoza gane Premios Planeta ni que la gente ensaye hincados, genuflexiones y prosternaciones cada vez que se mentan sus obras más aplaudidas. Lo importante es que Mendoza escribía como le daba la santa gana y lo hacía con tal talento, frescor y brillo que cada año genera nuevos lectores (y vocaciones, en mi caso) en los coles e institutos. Todos querríamos saber el nombre del detective sin nombre y todos querríamos tomarnos una Pepsi con Mendoza (la beberíamos con tragos muy cortos para escucharlo más rato).

Escribía Raymond Chandler sobre los detectives privados, que en realidad son como los buenos escritores, lo siguiente: “Si hubiera bastantes hombres como ellos, creo que el mundo sería un lugar muy seguro en el que vivir, y sin embargo no demasiado aburrido como para que no valiera la pena habitar en él”. Lo mismo pienso no solo del detective de Mendoza, sino de Mendoza. Aquí algún insensato acabaría con un felicísimo cliché: “Si Mendoza no existiera, ¡habría que inventarlo!” (aplausos, en la cara del ocurrente). Ya, amigo, pero es que solo alguien tendría la capacidad fabuladora y el ingenio para inventar a Eduardo Mendoza. Y ese tipo es Eduardo Mendoza. Así que menos mal. Menos mal que existe Eduardo Mendoza. Si un día desapareciera, habría que llamar al detective sin nombre para que lo buscara. Y a ver cómo lo encontrábamos, porque no sabríamos por qué letra buscar en las Páginas Amarillas.

Eduardo Mendoza conversarà amb José Luis Cuerda divendres, 8 de maig dins del festival Primera Persona.

El Primera Persona sona a això

April 28th, 2015 No Comments

Sempre que parlem del festival Primera Persona hi afegim una paraula al darrera. Multidisciplinar. No és gratuïta ni ens donen un plus per posar-la; si ho fessin seríem milionaris (i, desgraciadament, no és el cas). Durant aquestes tres edicions que portem celebrades, hem tingut representants de molts i variats gèneres artístics: des del cinema d’autor a la literatura pulp, dels còmics als fanzines, la subcultura o el periodisme. I el pop, és clar. No podem -ni volem- entendre la vida sense el pop, sense les seves ensenyances, la seva bellesa. La importància de les cançons i els grups que més ens agraden és proporcional a l’espai que tenen a Primera Persona. Els nostres JO musicals.

Aquests són els motius pels que no es poden perdre els concerts que portem aquest any al festival:

Perquè s’han de refiar de nosaltres. Quan els hem fallat? Recorden la pell de gallina quan van escoltar Dive for your memory dels Go-Betweens al Teatre del CCCB, interpretat per Robert Forster amb un grup d’acompanyament format per músics de Barcelona? I el concert d’en Jota de Los Planetas amb Sr. Chinarro? Esperin, segur que no  han oblidat que fa menys d’un any sonaven els eixordadors primers acords de Sparky’s Dream amb en Gerard Love entrant amb una de les frases més tararejades del pop: “If she lived in space, man”. O quan van tocar els Nueva Vulcano. Fins i tot hem tingut en Calvin Johnson, de Beat Happening, arribat directament des d’Olympia! Concerts memorables amb els nostres herois  damunt l’escenari. I aquest proper mes de maig en tindrem uns quants més. LLEGIR MÉS-LEER MÁS-READ MORE

Lapsus 2015: segona edició del festival de músiques electròniques d’avantguarda

April 8th, 2015 No Comments

El proper dissabte, 11 d’abril, la música electrònica torna al CCCB. El festival LAPSUS celebra la seva segona edició amb un programa musical i audiovisual atrevit, arriscat i innovador. Hem entrevistat Albert Salinas, un dels co-directors del festival, perquè ens parli de les novetats de l’edició d’enguany i del perquè d’una trobada que uneix el millor de la música electrònica del moment amb els creadors audiovisuals més sorprenents.

Més informació, aquí: http://www.cccb.org/ca/musica_i_art_escenic-lapsus_festival-212719

Menú Arxiu Xcèntric especial KOSMOPOLIS

March 17th, 2015 No Comments

L’Arxiu Xcèntric se suma a les activitats de Kosmopolis amb una programació especial. Una bona manera d’endinsar-se en el món del cinema experimental a través de la literatura.

A  la colònia penitenciària, Marcel Pié i Daniel Pitarch, 2011, 6 min

Aquesta animació és una adaptació del relat de Franz Kafka feta a través d’il·lustracions científiques i text en pantalla, sovint en forma de cal·ligrama. Posa en relació l’escriptura i el cos, de la mateixa manera que ho fa la màquina en el conte, i evidencia dos formes de representar el cos: com a símbol o com a representació antropomètrica. És també una obra que ens demana que mirem i que llegim, tot posicionant-nos en el lloc del viatger.

La constelación Bartleby, Andrés Duque, 2007, 23 min

El curtmetratge esbossa dues històries inconnexes que graviten, d’una manera més lúdica que reflexiva, en torn a la literatura: des del Bartleby de l’escriptor Herman Melville fins a la societat distòpica de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, passant pels ecos de Vila-Matas o la cita directa a Stanislav Lem. Les múltiples referències literàries funcionen com a pretext per evocar un estat (alienació), un efecte (enyorança) i una adscripció genèrica (ciència ficció), àmbits pels quals transita la peça i que demarcarien els seus possibles significats.

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Els 5 dubs preferits de STA

March 11th, 2015 No Comments

Pope, líder i fundador de STA, escull cinc temes de dub que expliquen el discurs sonor del seu grup.

1) Lee Perry – Black Board Jungle

Máster dels másters de la creació en estudi, mag del so… Què es pot dir de Lee Perry… Que està a l’alçada dels millors productors de música de tots els temps. Un geni. Aquesta intro, amb la veu i la bateria… Aquest disc és un imprescindible.

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