Cristina Carrasco: “Con la industrialización se tuvo que disciplinar al trabajador”

9 de octubre de 2015 No Comments

¿El trabajo dignifica? ¿Por qué continuamos trabajando tantas horas si la tecnología ya soluciona parte de la faena? ¿Como hemos pasado de buscar la plena ocupación a aceptar una sociedad con un 20% de paro estructural? El mundo laboral es el tema de las VI Jornadas Filosóficas de Barcelona, que bajo el título de ¿Por qué trabajamos? juntaran economistas, filósofos, sociólogos y expertos en el CCCB, el Arts Santa Mònica i el Institut Français Barcelona.

En la sesión inaugural en el CCCB, los economistas Yann Moulier-Boutang y Cristina Carrasco debatirán cómo y para quién trabajamos, para abrir y consolidar otros imaginarios laborales. En la entrevista siguiente, Cristina Carrasco defiende que la necesidad de “disciplinar” al trabajador nace con la industrialización, cuando es necesario que se esté 12 horas delante de la máquina, y recuerda que para enseñar esta disciplina jugaron un papel importante la iglesia y la educación. Carrasco también reivindica unas relaciones de trabajo con reciprocidad, y que el debate no tenga sólo en cuenta el trabajo asalariado,sino que también contemple el trabajo femenino, muchas veces invisibilizado al desarrollarse en el ámbito doméstico.

¿Por qué trabajamos? Sesión inaugural de las VI Jornadas Filosóficas de Barcelona, el miércoles 14 de octubre en el CCCB.

Jordi Puntí en el Ritz de las letras

8 de octubre de 2015 No Comments

Ahora hace cien años que se inauguraron las primeras bibliotecas públicas de Cataluña. Desde entonces, han dado juego a lectores, autores, editores, hijos de padres estresados, jubilados aburridos y políticos en campaña. Han dado juego a todo el mundo. Por eso, su responsable, Carme Fenoll, ha dicho que ya basta. Las bibliotecas quieren ser protagonistas. El Institut d’Humanitats de Barcelona, el Servicio de Bibliotecas de las Generalitat y el CCCB han organizado La biblioteca. Imaginario e historia de una ideaun ciclo de nueve conferencias que las convierte en la estrella del debate. ¿Cómo han cambiado, en dos mil años, las casas para alquilar libros? ¿Qué relación tenía Proust con ellas? ¿Qué escondían en Pérgamo? Sabios y gente del ramo hablarán de ello durante los próximos dos meses. Pero de momento, asaltamos la Biblioteca Pública de Nueva York, la que queda en Bryant Park, escoltada por leones, que Jordi Puntí glosa en la conferencia inaugural del ciclo.

Porque resulta que Jordi Puntí, Jordi Puntí i Garriga, de cuarenta y ocho años, escritor de Manlleu y universal, ha pasado dos meses en el Ritz de las letras. Diez meses investigando en un despacho silencioso de la Biblioteca Pública de Nueva York, rodeado de premios Pulitzer y de colaboradores del The New Yorker. Diez meses con una escuadra de bibliotecarios para servirle en exclusiva. Para buscarle aquel maldito documento que nos hace perder tiempo. Para encontrarle unos datos que no pensaba que existiesen. Y eso ha podido hacerlo con una beca de la Fundación Cullman y un proyecto que aúna bien los universos catalán y americano: la vida de Xavier Cugat. Pero vayamos primero a la suite y después ya hablaremos de su proyecto.

En la biblioteca, Puntí compartía un espacio de acceso restringido con quince becarios. Era un espacio con una sala central llena de mesas y sofás para que los afortunados fuesen comentando sus investigaciones. Entre los becados había cuatro novelistas y once ensayistas o biógrafos. Estaba Megan Marshall, que ahora escribe una biografía sobre Elisabeth Bishop. Una estudiosa del cambio climático en la Viena del XIX. Un curioso de los burdeles y las esquinas de Nueva York en las que se vendían y se venden los hombres. Y también estabais todos vosotros. Porque Jordi Puntí, en su despacho, desplegó el Alcover-Moll y la obra completa de Josep Pla. Y allá donde hay un volumen de Alcover o de Pla –por un milagroso alehop místico– estamos todos los lectores de esta lengua.

Jordi aterrizó en la biblioteca de Nueva York en el mejor momento, porque hacía seis años que los americanos discutían por un proyecto de remodelación. La versión oficial es que Norman Foster quería convertir el edificio central de la biblioteca en un espacio más dinámico. La versión de los sabios y chupatintas es que se habría convertido en un parque temático que salía muy caro. Además, suponía eliminar las siete plantas de almacén de libros: era necesario enviar la mitad a una sala que queda debajo de Bryant Park y la otra mitad a New Jersey. Desde Lydia Davis a Edmund Morris pasando por Mario Vargas Llosa, todos los intelectuales se estremecieron. Aquello era un centro de investigación. No podía convertirse en una reunión de aficionados con intereses culturales. Además, un libro tarda dos días en viajar de New Jersey a Manhattan. Eso no se podía tolerar. Como tampoco se podía tolerar que la gente se llevase los libros en préstamo, porque para el préstamo ya hay otro edificio y el ecosistema se podría alterar. Hubo un debate público. Manifestaciones. Presiones por todos lados. Y al final el proyecto de Foster se retiró.

¿Qué pasaría si la Biblioteca de Cataluña decidiese llevar parte de su fondo a Pont de Suert? Pues nada. Porque la mayoría de los catalanes que estudiamos lo hacemos por deporte. O sea que no lo hacemos por dinero y por tanto una tarde no cambia nada. Y porque el resto no ha estado nunca en la Biblioteca de Cataluña si no es para ver teatro o algún concierto, que van muy bien para hacer dinero. El alquiler de espacios de bibliotecas no es un invento de catalanes tacaños. Explica Puntí que, en estos diez meses, en la biblioteca de Nueva York vio desde bodas hindús a cursos de esgrima. También habla de la cultura de las donaciones, que está a la orden del día. Y habla de un alma, pienso que pecadora y con ganas de purgar, que en 2014 donó cinco millones de dólares de forma anónima.

Y en este reino que reúne desde mapas climáticos de la Viena imperial hasta el último premio Carles Riba, ¿qué hacía Jordi Puntí? Estudiar la vida de Xavier Cugat, sobre quien está escribiendo una novela. Aquí recordamos a un Xavier Cugat gagá, en el restaurante Tritón, acompañado de Nina y pagando facturas con dibujos. O lo recordamos montando el show con Mary Santpere. O paseándose con batín y un chihuahua por el Ritz. Pero Xavier Cugat tiene una de las carreras más exitosas del Principado. Es el catalán que mejor ha cumplido el sueño americano, el que más trabajo y dinero ha hecho en Nueva York y en Los Ángeles.

Xavier Cugat era un hombre de vida esquiva, que hoy se forra y mañana se arruina, que hoy se enamora y mañana corramos todos. Llevaba una vida improbable de compositor, director de orquesta, caricaturista, descubridor de voces y de divas. Una vida de fábulas, medias verdades, hilos que cuesta atar. Era un hombre de negocios estelares, capaz de vender falsos turrones de Agramunt en Los Ángeles. O de vivir de la información privilegiada que había acumulado intrigando. Xavier Cugat era… ¿qué os diría? Un personaje de novela de Jordi Puntí, que hace años que explora la identidad, eso tan delicado, tan ligado al interior, que construimos con recuerdos públicos y privados, con mundos que se han roto y con mentiras.

Jordi Puntí, aquel niño de Manlleu que se tiraba piedras con los castellanos, siempre fascinado por los mundos marginales y por los personajes rocambolescos, novela ahora la vida del rey del mambo. Y lo hace después de pasar unos meses en el Ritz de las letras, con una escolta de bibliotecarios a su servicio y todo el material del mundo a su inmediata disposición. Suerte que es medio místico y dice que la biblioteca es para él un estado mental. Cuando has vivido la Ritz, no debe de ser fácil tirar con hoteles de tres estrellas.

BCNmp7: Galería de versiones extremas

7 de octubre de 2015 No Comments

Quizás os hayáis encontrado alguna vez en la situación de llegar tarde a una versión musical. Queremos decir llegar tarde como quien llega tarde a una fiesta y se encuentra los grupitos de conversación ya formados, las botellas medio vacías y el aire rancio, y escucha bromas que no acaba de entender, y sonríe, estúpidamente, por si acaso. Se trata de la situación en la que descubres que un tema que te gusta y que creías original no lo es, que es en realidad una versión de un tema más antiguo. Un amigo que entiende de ello más que tú te habla de esto un día, como de pasada, y también esta vez callas y sonríes, por si acaso, mientras piensas cómo se transformará a partir de ahora este tema, como el equilibrio entre lo que es esencial y lo que es decorativo cambiará irremediablemente cuando escuches la versión original. Este momento de perplexidad ante la música, este estado de desorientación, de descuido, de falta de información o de criterio es lo que queremos propiciar en la Galería de versiones extremas. Intentaremos describir este estado haciendo tres preguntas, planteadas desde la posición de los programadores, de los músicos y del público. Son estas:

¿Qué hemos escrito? Durante las semanas previas al concierto, hemos escrito cinco partituras, versiones de los cinco temas que comprende el programa (que, por el momento, no diremos cuáles son). Solemos pensar que la partitura de un tema registra lo que es esencial, lo que hace que lo que suena sea realmente aquel tema, y que las desviaciones de la partitura, que los músicos cometen necesariamente a la hora de tocarla (las irregularidades humanas del tempo, de la intensidad y de la afinación) son un complemento personal y expresivo. Pero las partituras que hemos escrito no funcionan de esta forma. A la manera de las partituras indeterminadas de Morton Feldman, hemos escrito una serie de instrucciones que, si bien indican a los músicos lo que tienen que tocar, lo hacen de un modo tan abierto, genérico y, a veces, misterioso, que a la música que resulte de ello, la parte de desviación personal no será menos importante que la parte fijada en la partitura. En ellas la frontera entre el tema y la versión es difusa. Incluso, quizás, la versión cobra más relevancia y acaba erosiando el corazón mismo del tema versionado. ¿Lo que hemos escrito son, pues, partituras?¿Dicen el tema que escucharemos?¿O son indicaciones, sugerencias, excusas, para que los músicos inventen, mientras tocan, un tema nuevo? Pero una partitura que no es una partitura de un tema, ¿es aún una partitura?¿O quizás tendríamos que llamarlo de otra forma?

¿Qué estamos tocando? Las peticiones musicales son terriblemente desconsideradas. Play it again, Sam, toca aquel tema, aquel y no otro, el que tú y yo sabemos, aquel tema único, que tiene un sentido único en mi vida. Y el músico toca el tema que pides, pero tú casi no lo estás escuchando, porque no quieres escuchar nada nuevo, sino la imagen musical exacta que tienes en la memoria. Quieres volver a escuchar aquel tema, again, quieres revivir una experiencia del pasado. Pero en la Galería de versiones extremas la mayoría de los músicos, durante la mayor parte del concierto, no sabrán el tema que están tocando. Quizás lo descubrirán en algún momento, quizás no; en todo caso, podrán tocar en el último límite de la versión musical, el de la ignorancia del tema versionado, libres, por momentos, de las peticiones musicales que los programadores les hacemos.

¿Qué estamos escuchando? Gozar de la música no siempre tiene que querer decir cerrar los ojos y dejarse llevar. A veces, los melómanos, los que amamos la música, también queremos entender lo que está pasando. Entender, como en el verbo francés, entendre, que puede traducirse más o menos por el nuestro “oír”. La Galería de versiones extremas es un concierto en código estrictamente abierto: los oyentes podrán ver proyectada la misma partitura que los músicos tienen delante de ellos. Así podrán intentar entender, mientras escuchan la versión de un tema, cómo está organizada, cómo está codificada, cómo funciona. Podrán intentar sacar el entrelazado, incluso quizás adivinar de qué tema se trata. Pero, entender la música, ¿requiere que nos entre por los ojos?¿O quizás por las orejas?¿O por los ojos y las orejas alternativamente?¿O por los ojos y las orejas a la vez?¿O por la piel?

Laia Torrents, Roger Aixut y Lluís Nacenta son los programadores de esta sesión del ciclo BCNmp7.

BCNmp7. Galería de versiones extremas tendrá lugar el 15 de octubre en el CCCB.

¿Qué significa ser humanos hoy?

5 de octubre de 2015 1 Comment

¿Qué significa ser humanos hoy? Desde la concepción hasta la muerte (y más allá), herramientas y tecnologías facilitan y configuran la vida de las personas. Hay muchos avances que, según las creencias, pueden ser absolutamente horribles o extremadamente emocionantes, pero los cambios más importantes se producen de manera sutil, en el día a día. Desde el momento en que suena el despertador (que muy posiblemente será el móvil), intervienen como parte integrante de la vida cotidiana diversas tecnologías ambientales, sociales y personalizadas, muchas de ellas inimaginables hace diez o veinte años. Nos levantamos y acto seguido consultamos el correo electrónico y las redes sociales. La revolución tecnológica se incrusta en nuestra experiencia vital y exige reflexión. Pero no hay tiempo. Otra petición de amistad. Otro toque, me gusta, comentario, recordatorio. Actividad multitarea, telecomunicación, actualizaciones y publicaciones, navegación, trols, memes, sucedáneos alimentarios, adaptación, evolución, revolución.

Ser humanos en 2015 es radicalmente distinto de serlo en 1915, 1815 o en el siglo xv. ¿Recuerdas cómo se percibía el tiempo cuando no estaba puntuado por mensajes de texto entrantes, buzones repletos y continuas decisiones sobre la conveniencia de actualizar el ordenador o los programas? ¿Imaginas cómo se percibirá el tiempo en el futuro, cuando se nos reclame insistentemente actualizar hardware y software, no solo del ordenador sino del propio cuerpo? Cuando la vida se haya prolongado radicalmente, ¿tendremos todo el tiempo del mundo, o solo nuevas expectativas sobre la forma de pasar el tiempo? La exposición +HUMANOS. El futuro de nuestra especie plantea posibles trayectorias futuras de la humanidad, teniendo en cuenta las implicaciones de tecnologías históricas y emergentes. ¿Cómo redefinen la cultura humana las nuevas tecnologías y qué interrogantes éticos suscitan? ¿Cuáles son los futuros que nos esperan y que anhelamos? ¿Cómo será ser humanos dentro de cien años?

Para crear el marco de esta exploración se han formulado cuatro temas generales: Capacidades aumentadas, Encuentro con otros, Diseñando el entorno y La vida en sus límites. Cada tema está representado por obras de arte, artefactos históricos, investigaciones científicas y productos comerciales, con la intención de mostrar las complejas, turbias y a veces contradictorias perspectivas que nos evoca.

Yves Gellie. Versión Humana

El signo «más» de +Humanos implica una dirección positiva para el futuro de nuestra especie. Ahora bien, ¿cuál? La mayoría de los avances del siglo xx se miden por su velocidad y eficacia (más rápido, mejor, más fuerte), pero el efecto secundario nos convierte en más gordos, más tristes y más exhaustos. Quizá el lema del progreso debería ser «blando, lento y sencillo», o «más feliz y más sano». Debemos replantearnos la definición de nuestras necesidades. ¿Para qué luchamos? ¿Cuál es nuestro ideal?

Muchas de las piezas incluidas en la exposición presentan la tecnología como algo que puede mejorar o facilitar la vida, pero muchas otras describen usos imprevistos de las tecnologías o futuras distribuciones desiguales. Un poderoso contrarrelato según el cual un futuro de +humanos sería un futuro sin humanos. Las enormes posibilidades y la rápida progresión de las tecnologías militares, junto con la inestabilidad política y el agotamiento de los recursos, nos obligan a considerar un futuro en el que la humanidad termina destruida por sus propias invenciones. Entonces, ¿en qué futuros potenciales debemos centrar la atención?

Cathrine Kramer es la comisaria ejecutiva de +Humanos.

¿Qué te gustaría saber sobre la relación de los jóvenes con Internet y la privacidad?

18 de septiembre de 2015 No Comments

Los adolescentes de hoy en día pueden ser muy diferentes entre sí, pero lo que es seguro es que casi todos están conectados a la red, tanto como meros espectadores como exponiéndose ellos mismos. Pero, ¿saben realmente a qué se exponen? ¿Conocen la diferencia entre esfera íntima y esfera pública? ¿Comprenden cómo funciona Internet y las tecnologías que derivan de la red? Y si la respuesta es que no, o no del todo, es cuando debemos preguntarnos: ¿Alguien les está enseñando? ¿Cómo hay que enseñarles?

Si te preocupa la relación que los jóvenes del siglo XXI tienen con Internet, y su capacidad para controlar la información que publican sobre sí mismos, te ofrecemos una oportunidad para resolver tus dudas. El próximo 26 de septiembre presentaremos en el CCCB una versión actualizada de la Maleta pedagógica de Universo Internet, un recurso educativo gratuito creado por el CCCBLab y CCCBeducació cuyo objetivo es trasladar a las aulas una reflexión crítica y creativa acerca de la transformación y el impacto que ha supuesto Internet en nuestras vidas.

A lo largo de la jornada, dirigida a los docentes que estén interesados en realizar esta actividad con sus alumnos, se pondrán en práctica las unidades didácticas de la Maleta pedagógica que analizan el impacto de Internet en tres niveles: personal, urbano y planetario. Al final, se abrirá una charla y un turno de preguntas sobre la identidad digital y la privacidad de los adolescentes en la red. La investigadora Liliana Arroyo Moliner, especializada en el ámbito de la vigilancia, la privacidad, la resiliencia y el impacto social de la tecnología, resolverá las preguntas que planteen los participantes y las que puedes enviarnos a través del hashtag #universinternet.

Todo lo que quieras sobre Jóvenes, Internet y privacidad: los retos de la identidad en la era digital, o sobre todo aquello de lo que quieras saber más, pregúntalo a través de Twitter con el hashtag #universinternet o en el Facebook del CCCB LAB.

El proyecto de la Maleta pedagógica de Universo Internet es una propuesta ante la necesidad de contar con herramientas que nos permitan incluir en la educación los cambios que vive nuestra sociedad. Queremos poner de manifiesto la importancia de un proceso de adaptación de la escuela y de los entornos educativos para educar a personas capaces de comprender un mundo cada vez más tecnológico y en constante transformación.

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