El secreto de Marilynne Robinson

10 de noviembre de 2015 1 Comment

La escriptora Marilynne Robinson – Imagen: CC0 1.0 Domini Públic

Marilynne Robinson ha ganado el Pulitzer de ficción, ha sido aclamada por la crítica y el público y ha llegado a ser entrevistada por Barack Obama, en el sorprendente debut como periodista literario del presidente de los Estados Unidos. Pero, ¿qué tiene la literatura de esta escritora norteamericana que despierte tantas pasiones? Para averiguarlo hemos hablado con cuatro escritores catalanes, todos ellos admiradores de Marilynne Robinson, para que nos descubran las claves del fenómeno.

Stefanie Kremser, autora de Calle de los olvidados

STEFANIE KREMSER: «POSEE UNA CAPACIDAD IMPRESIONANTE PARA CARACTERIZAR A PERSONAS Y LUGARES»

Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967) descubrió a la autora de Lila en 2004, durante una estancia en los Estados Unidos. «Leí una reseña de Gilead en el New York Times y corrí a comprar el libro». Desde entonces ha leído toda la ficción de la autora, y aunque le gustó Housekeeping, la primera novela de Robinson, recomienda leer los dos libros anteriores a Lila: Gilead y En casa. «Son dos novelas independientes e individuales, pero que, con Lila, forman un conjunto, y se pueden leer en cualquier orden».

De Marilynne Robinson, Stefanie destaca «su capacidad impresionante para caracterizar a personas y lugares, haciéndolos impensables los unos sin los otros. Esto implica, también, las ausencias y la búsqueda para llenar el vacío de un lugar o de una persona». Respecto a la vertiente religiosa de las novelas de Robinson, Stefanie la definiría como una escritora «teológica, porque trata las preguntas esenciales de la filosofía cristiana, como por ejemplo el perdón, y profundamente humana, con una especial sensibilidad por las diferencias generacionales y por el individuo que, aunque lleva una herencia familiar encima, es, siempre, único». Stefanie considera que la obra de Marilynne Robinson es asimismo «literatura específicamente americana», una opinión que también comparte Yannick Garcia.

Yannick Garcia, ganador del Premio Documenta por La nostra vida vertical

YANNICK GARCIA: «TIENE UN EFECTO LENITIVO, DE RECONCILIACIÓN CON LA HUMANIDAD»

El escritor y traductor Yannick Garcia (Amposta, 1979) considera que Marilynne Robinson «es una gran conocedora de la América profunda, pero en ningún momento la desprecia, sino al contrario: siente una compasión infinita por las mentes pequeñas fascinadas por el porvenir». En el caso de Yannick, los libros de Robinson le ayudaron «a romper el tabú del pensamiento religioso», y le permitieron acercarse a unos personajes «que a priori no me habrían despertado ningún interés, pero que acabé amando».

La técnica de Robinson también impresionó a Yannick: «la literatura de Robinson es de apariencia sencilla, pero está hipertrabajada. Se aprende muchísimo de ella. Y lo más importante es que no tiene nunca una mirada condescendiente sobre su gente, sino que los ensalza en la acción más pequeña de unas vidas ordinarias». Yannick descubrió a Robinson en verano de 2011, durante una expedición de alta montaña: «Leí Gilead en un contexto físico exigente, caminaba muchas horas cada día y terminaba exhausto. La lectura me resultó balsámica. Tuvo un efecto lenitivo, de reconciliación con la humanidad».

Jenn Díaz, autora de Mare i filla

JENN DÍAZ: «ES ÍNTIMA, TIERNA, DE UNA LUCIDEZ FEROZ»

Precisamente fue Yannick Garcia quien descubrió Marilynne Robinson a Jenn Díaz (Barcelona, 1988), la joven escritora que presentará a la autora de Lila el 17 de noviembre en la conferencia del CCCB. Jenn cree que la escritura de Marilynne Robinson es «íntima, tierna y de una lucidez feroz».

La autora de Mare i filla dice que quedó «atrapada» con Lila, y destaca la capacidad de la autora norteamericana para hablar de personajes tocados «sin caer en un dramatismo insoportable». «Siempre hay un rayo de esperanza», sentencia Jenn.

Vicenç Pagès Jordà, ganador del Premio Sant Jordi por Dies de frontera

VICENÇ PAGÈS JORDÀ: «LA NOVELA ES EL MEJOR RECURSO PARA ACERCARNOS A LOS SENTIMIENTOS DE LOS AÑOS TREINTA»

También hemos hablado con el escritor Vicenç Pagès Jordà (Figueres, 1963), ganador del Premio Sant Jordi por Dies de frontera, que nos explicó el motivo por el que las historias de Robinson son tan impresionantes. «Los datos estadísticos acerca de la Depresión norteamericana de los años treinta son impresionantes, pero fríos», explica el escritor de Figueras. «Las fotografías de Dorothea Lange, que muestran las caras de sufrimiento de algunas de esas personas, nos tocan más la fibra. Sin embargo, para acercarnos a los sentimientos y las vivencias de aquella gente, no hay mejor recurso que una novela». En este sentido, el premio Sant Jordi asegura que Lila «realiza un trabajo que no es sólo de concienciación, ya que a la vez nos satisface la curiosidad y nos proporciona un placer estético considerable».

Literariamente, el autor de Els jugadors de whist considera que gran parte del éxito de la escritora norteamericana se debe a su particular punto de vista: «Una parte del acierto de Marilynne Robinson es haber elegido a un narrador externo que logra meternos en la cabeza de Lila y dejarnos acceder a esa inocencia, a esa determinación, a esa bondad que se ignora a sí misma. Y aquí es inevitable recordar a aquel narrador maravillosamente no fiable llamado Huckleberry Finn».

«La imaginación en la búsqueda de la democracia». Martes 17 de noviembre a las 19:30, conferencia de Marilynne Robinson en el CCCB, en el marco de la gira europea de presentación de Lila. Entrada gratuita.

Escritura, verdad, revolución. Mercè Ibarz lee a Joan Garcia Oliver.

30 de octubre de 2015 No Comments

¿Es posible narrar la verdad de la revolución? ¿Cómo decir con veracidad aquello que ha sucedido, lo bueno y lo malo, cuando ya ha pasado el fragor de la Historia? ¿Cómo se puede defender la revolución cuando has perdido, sin olvidar lo que has ganado y a qué precio? ¿Cuál es el valor del testimonio, de la memoria de la revolución?

El seminario Flexo. Revolución 2/6, organizado por el Institut d’Humanitats de Barcelona e impartido por la escritora y periodista Mercè Ibarz, intentará responder a esta y otras cuestiones relacionadas con las formas de contar la veracidad de la experiencia de la revolución. Lo hará a través de la lectura de les memorias del líder anarquista Joan Garcia Oliver, el único de los tres jefes de la CNT que sobrevivieron al descalabro histórico de la Guerra Civil. Ministro de Justicia de la República, se decidió a escribir sus memorias, tituladas El eco de los pasos (Ruedo Ibérico, 1978), a raíz del golpe militar contra Salvador Allende. Demasiado poco considerado y reconocido, el libro es un testimonio formidable por la precisión de los hechos relatados y el coraje narrativo, que el editor José Martínez acompañó con documentos –discursos, textos legales, cartas— que confirman las palabras y la acción de Joan Garcia Oliver.

A continuación reproducimos un fragmento del prólogo en el que Joan Garcia Oliver explica las razones que le llevaron en 1978, más de treinta años después de los hechos revolucionarios, a escribir el libro:

Este no será un libro completo. Tampoco será una obra lograda.

Sobre la CNT –CNT igual a anarcosindicalismo— se ha escrito bastante. Y se ha escrito por haberse revelado como la única fuerza capaz de hacer frente a los militares españoles sublevados contra el pueblo. Fue la CNT –los anarcosindicalistas— la que impidió, por primera vez en la historia, que un ejército de casta se apoderase de una nación mediante el golpe de Estado militar. Hasta entonces, y aún después, nadie se opuso a los militares cuando en la calle y al frente sus soldados asestaban a su pueblo un golpe de Estado. La sublevación de julio de 1936 era de carácter fascista y al fascismo europeo, en la calle y frente a frente, ningún partido ni organización había osado enfrentarlo. La CNT –los anarcosindicalistas— no logró hacer escuela en las formaciones proletarias del mundo entero. Otros golpes de Estado han sido realizados después por militares. El de Chile, por ejemplo, frente a casi los mismos componentes que en España –socialistas, comunistas, marxistas—, pero, sin anarconsindicalistas, fue para los militares un paseo. Tal como se está explicando lo ocurrido en Chile, la lección para los trabajadores será nula. Porque no fueron los militares quienes mataron a Allende, sino la soledad en que lo dejaron. Algo muy parecido le ocurrió al presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, en el movimiento de octubre de 1934.

Entonces, como ahora,  predominaba en Europa una manifestación del comunismo, gritón, llorón, dado a difamar a cuantos no se doblegan al peso de sus consignas. Bueno, sí, para organizar desfiles aparatosos en Madrid, en Barcelona, en Santiago, en Berlín. Pero, al trepar al poder Hitler en Alemania, solamente el anarquista individualista holandés Van der Lubbe tuvo el arranque de pegarle fuego al Parlamento, desafiando las iras de quien se creía más poderoso que los dioses. Aquel fuego purificador alumbró la sordidez del mundo comunista, pagado de sus periódicos, de sus desfiles, de sus manifestaciones, pero que, carente de la chispa insurreccional de los anarcos, siempre dejó libre el paso a los enemigos de la libertad. No amando la libertad, no son aptos para defenderla.

La CNT tuvo excelentes luchadores, hombres y mujeres capaces de llenar páginas de Historia. Pero careció de intelectuales capaces de describir y de teorizar nuestras gestas.

Durante años he vivido en la duda de si debía eternizarse nuestras luchas en narraciones veraces. El final de Allende, asesinado por la soledad en que lo dejaron sus partidarios, me ha convencido de que convenía que el mundo obrero conociera lo que éramos colectivamente, y no solamente a través de la imagen de un hombre y de un nombre. La CNT dio vida a muchos héroes.

En la medida de lo posible deben irse aportando ya los materiales de la verdadera historia del anarcosindicalismo en su aspecto humano, más importante que las manifestaciones burocráticas, que tanto se han prodigado. Solamente la veracidad puede dar la verdadera dimensión de lo que fuimos.

La verdad, la bella verdad, sólo puede ser apreciada si, junto a ella, como parte de ella misma, está también la fea cara de la verdad.

Inscripciones abiertas. Consulta aquí la información para matricularte al seminario o escribe a cursos@cccb.org.

Cristina Carrasco: “Con la industrialización se tuvo que disciplinar al trabajador”

9 de octubre de 2015 No Comments

¿El trabajo dignifica? ¿Por qué continuamos trabajando tantas horas si la tecnología ya soluciona parte de la faena? ¿Como hemos pasado de buscar la plena ocupación a aceptar una sociedad con un 20% de paro estructural? El mundo laboral es el tema de las VI Jornadas Filosóficas de Barcelona, que bajo el título de ¿Por qué trabajamos? juntaran economistas, filósofos, sociólogos y expertos en el CCCB, el Arts Santa Mònica i el Institut Français Barcelona.

En la sesión inaugural en el CCCB, los economistas Yann Moulier-Boutang y Cristina Carrasco debatirán cómo y para quién trabajamos, para abrir y consolidar otros imaginarios laborales. En la entrevista siguiente, Cristina Carrasco defiende que la necesidad de “disciplinar” al trabajador nace con la industrialización, cuando es necesario que se esté 12 horas delante de la máquina, y recuerda que para enseñar esta disciplina jugaron un papel importante la iglesia y la educación. Carrasco también reivindica unas relaciones de trabajo con reciprocidad, y que el debate no tenga sólo en cuenta el trabajo asalariado,sino que también contemple el trabajo femenino, muchas veces invisibilizado al desarrollarse en el ámbito doméstico.

¿Por qué trabajamos? Sesión inaugural de las VI Jornadas Filosóficas de Barcelona, el miércoles 14 de octubre en el CCCB.

Jordi Puntí en el Ritz de las letras

8 de octubre de 2015 No Comments

Ahora hace cien años que se inauguraron las primeras bibliotecas públicas de Cataluña. Desde entonces, han dado juego a lectores, autores, editores, hijos de padres estresados, jubilados aburridos y políticos en campaña. Han dado juego a todo el mundo. Por eso, su responsable, Carme Fenoll, ha dicho que ya basta. Las bibliotecas quieren ser protagonistas. El Institut d’Humanitats de Barcelona, el Servicio de Bibliotecas de las Generalitat y el CCCB han organizado La biblioteca. Imaginario e historia de una ideaun ciclo de nueve conferencias que las convierte en la estrella del debate. ¿Cómo han cambiado, en dos mil años, las casas para alquilar libros? ¿Qué relación tenía Proust con ellas? ¿Qué escondían en Pérgamo? Sabios y gente del ramo hablarán de ello durante los próximos dos meses. Pero de momento, asaltamos la Biblioteca Pública de Nueva York, la que queda en Bryant Park, escoltada por leones, que Jordi Puntí glosa en la conferencia inaugural del ciclo.

Porque resulta que Jordi Puntí, Jordi Puntí i Garriga, de cuarenta y ocho años, escritor de Manlleu y universal, ha pasado dos meses en el Ritz de las letras. Diez meses investigando en un despacho silencioso de la Biblioteca Pública de Nueva York, rodeado de premios Pulitzer y de colaboradores del The New Yorker. Diez meses con una escuadra de bibliotecarios para servirle en exclusiva. Para buscarle aquel maldito documento que nos hace perder tiempo. Para encontrarle unos datos que no pensaba que existiesen. Y eso ha podido hacerlo con una beca de la Fundación Cullman y un proyecto que aúna bien los universos catalán y americano: la vida de Xavier Cugat. Pero vayamos primero a la suite y después ya hablaremos de su proyecto.

En la biblioteca, Puntí compartía un espacio de acceso restringido con quince becarios. Era un espacio con una sala central llena de mesas y sofás para que los afortunados fuesen comentando sus investigaciones. Entre los becados había cuatro novelistas y once ensayistas o biógrafos. Estaba Megan Marshall, que ahora escribe una biografía sobre Elisabeth Bishop. Una estudiosa del cambio climático en la Viena del XIX. Un curioso de los burdeles y las esquinas de Nueva York en las que se vendían y se venden los hombres. Y también estabais todos vosotros. Porque Jordi Puntí, en su despacho, desplegó el Alcover-Moll y la obra completa de Josep Pla. Y allá donde hay un volumen de Alcover o de Pla –por un milagroso alehop místico– estamos todos los lectores de esta lengua.

Jordi aterrizó en la biblioteca de Nueva York en el mejor momento, porque hacía seis años que los americanos discutían por un proyecto de remodelación. La versión oficial es que Norman Foster quería convertir el edificio central de la biblioteca en un espacio más dinámico. La versión de los sabios y chupatintas es que se habría convertido en un parque temático que salía muy caro. Además, suponía eliminar las siete plantas de almacén de libros: era necesario enviar la mitad a una sala que queda debajo de Bryant Park y la otra mitad a New Jersey. Desde Lydia Davis a Edmund Morris pasando por Mario Vargas Llosa, todos los intelectuales se estremecieron. Aquello era un centro de investigación. No podía convertirse en una reunión de aficionados con intereses culturales. Además, un libro tarda dos días en viajar de New Jersey a Manhattan. Eso no se podía tolerar. Como tampoco se podía tolerar que la gente se llevase los libros en préstamo, porque para el préstamo ya hay otro edificio y el ecosistema se podría alterar. Hubo un debate público. Manifestaciones. Presiones por todos lados. Y al final el proyecto de Foster se retiró.

¿Qué pasaría si la Biblioteca de Cataluña decidiese llevar parte de su fondo a Pont de Suert? Pues nada. Porque la mayoría de los catalanes que estudiamos lo hacemos por deporte. O sea que no lo hacemos por dinero y por tanto una tarde no cambia nada. Y porque el resto no ha estado nunca en la Biblioteca de Cataluña si no es para ver teatro o algún concierto, que van muy bien para hacer dinero. El alquiler de espacios de bibliotecas no es un invento de catalanes tacaños. Explica Puntí que, en estos diez meses, en la biblioteca de Nueva York vio desde bodas hindús a cursos de esgrima. También habla de la cultura de las donaciones, que está a la orden del día. Y habla de un alma, pienso que pecadora y con ganas de purgar, que en 2014 donó cinco millones de dólares de forma anónima.

Y en este reino que reúne desde mapas climáticos de la Viena imperial hasta el último premio Carles Riba, ¿qué hacía Jordi Puntí? Estudiar la vida de Xavier Cugat, sobre quien está escribiendo una novela. Aquí recordamos a un Xavier Cugat gagá, en el restaurante Tritón, acompañado de Nina y pagando facturas con dibujos. O lo recordamos montando el show con Mary Santpere. O paseándose con batín y un chihuahua por el Ritz. Pero Xavier Cugat tiene una de las carreras más exitosas del Principado. Es el catalán que mejor ha cumplido el sueño americano, el que más trabajo y dinero ha hecho en Nueva York y en Los Ángeles.

Xavier Cugat era un hombre de vida esquiva, que hoy se forra y mañana se arruina, que hoy se enamora y mañana corramos todos. Llevaba una vida improbable de compositor, director de orquesta, caricaturista, descubridor de voces y de divas. Una vida de fábulas, medias verdades, hilos que cuesta atar. Era un hombre de negocios estelares, capaz de vender falsos turrones de Agramunt en Los Ángeles. O de vivir de la información privilegiada que había acumulado intrigando. Xavier Cugat era… ¿qué os diría? Un personaje de novela de Jordi Puntí, que hace años que explora la identidad, eso tan delicado, tan ligado al interior, que construimos con recuerdos públicos y privados, con mundos que se han roto y con mentiras.

Jordi Puntí, aquel niño de Manlleu que se tiraba piedras con los castellanos, siempre fascinado por los mundos marginales y por los personajes rocambolescos, novela ahora la vida del rey del mambo. Y lo hace después de pasar unos meses en el Ritz de las letras, con una escolta de bibliotecarios a su servicio y todo el material del mundo a su inmediata disposición. Suerte que es medio místico y dice que la biblioteca es para él un estado mental. Cuando has vivido la Ritz, no debe de ser fácil tirar con hoteles de tres estrellas.

BCNmp7: Galería de versiones extremas

7 de octubre de 2015 No Comments

Quizás os hayáis encontrado alguna vez en la situación de llegar tarde a una versión musical. Queremos decir llegar tarde como quien llega tarde a una fiesta y se encuentra los grupitos de conversación ya formados, las botellas medio vacías y el aire rancio, y escucha bromas que no acaba de entender, y sonríe, estúpidamente, por si acaso. Se trata de la situación en la que descubres que un tema que te gusta y que creías original no lo es, que es en realidad una versión de un tema más antiguo. Un amigo que entiende de ello más que tú te habla de esto un día, como de pasada, y también esta vez callas y sonríes, por si acaso, mientras piensas cómo se transformará a partir de ahora este tema, como el equilibrio entre lo que es esencial y lo que es decorativo cambiará irremediablemente cuando escuches la versión original. Este momento de perplexidad ante la música, este estado de desorientación, de descuido, de falta de información o de criterio es lo que queremos propiciar en la Galería de versiones extremas. Intentaremos describir este estado haciendo tres preguntas, planteadas desde la posición de los programadores, de los músicos y del público. Son estas:

¿Qué hemos escrito? Durante las semanas previas al concierto, hemos escrito cinco partituras, versiones de los cinco temas que comprende el programa (que, por el momento, no diremos cuáles son). Solemos pensar que la partitura de un tema registra lo que es esencial, lo que hace que lo que suena sea realmente aquel tema, y que las desviaciones de la partitura, que los músicos cometen necesariamente a la hora de tocarla (las irregularidades humanas del tempo, de la intensidad y de la afinación) son un complemento personal y expresivo. Pero las partituras que hemos escrito no funcionan de esta forma. A la manera de las partituras indeterminadas de Morton Feldman, hemos escrito una serie de instrucciones que, si bien indican a los músicos lo que tienen que tocar, lo hacen de un modo tan abierto, genérico y, a veces, misterioso, que a la música que resulte de ello, la parte de desviación personal no será menos importante que la parte fijada en la partitura. En ellas la frontera entre el tema y la versión es difusa. Incluso, quizás, la versión cobra más relevancia y acaba erosiando el corazón mismo del tema versionado. ¿Lo que hemos escrito son, pues, partituras?¿Dicen el tema que escucharemos?¿O son indicaciones, sugerencias, excusas, para que los músicos inventen, mientras tocan, un tema nuevo? Pero una partitura que no es una partitura de un tema, ¿es aún una partitura?¿O quizás tendríamos que llamarlo de otra forma?

¿Qué estamos tocando? Las peticiones musicales son terriblemente desconsideradas. Play it again, Sam, toca aquel tema, aquel y no otro, el que tú y yo sabemos, aquel tema único, que tiene un sentido único en mi vida. Y el músico toca el tema que pides, pero tú casi no lo estás escuchando, porque no quieres escuchar nada nuevo, sino la imagen musical exacta que tienes en la memoria. Quieres volver a escuchar aquel tema, again, quieres revivir una experiencia del pasado. Pero en la Galería de versiones extremas la mayoría de los músicos, durante la mayor parte del concierto, no sabrán el tema que están tocando. Quizás lo descubrirán en algún momento, quizás no; en todo caso, podrán tocar en el último límite de la versión musical, el de la ignorancia del tema versionado, libres, por momentos, de las peticiones musicales que los programadores les hacemos.

¿Qué estamos escuchando? Gozar de la música no siempre tiene que querer decir cerrar los ojos y dejarse llevar. A veces, los melómanos, los que amamos la música, también queremos entender lo que está pasando. Entender, como en el verbo francés, entendre, que puede traducirse más o menos por el nuestro “oír”. La Galería de versiones extremas es un concierto en código estrictamente abierto: los oyentes podrán ver proyectada la misma partitura que los músicos tienen delante de ellos. Así podrán intentar entender, mientras escuchan la versión de un tema, cómo está organizada, cómo está codificada, cómo funciona. Podrán intentar sacar el entrelazado, incluso quizás adivinar de qué tema se trata. Pero, entender la música, ¿requiere que nos entre por los ojos?¿O quizás por las orejas?¿O por los ojos y las orejas alternativamente?¿O por los ojos y las orejas a la vez?¿O por la piel?

Laia Torrents, Roger Aixut y Lluís Nacenta son los programadores de esta sesión del ciclo BCNmp7.

BCNmp7. Galería de versiones extremas tendrá lugar el 15 de octubre en el CCCB.

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