Democracias que envejecen. Participación política y valores culturales de la gente mayor en Europa

8 de mayo de 2017 No Comments

Desde el Brexit hasta Viktor Orbán, Marine Le Pen y Geert Wilders, la crisis política de Europa se ha interpretado a menudo en clave de un conflicto generacional. Según esta visión, el auge de los proyectos políticos autoritarios, el deterioro de los valores democráticos y la hostilidad hacia la integración europea son en parte consecuencia del envejecimiento de la población en el continente. Contribuyen a sostener esta idea una serie de mitos y prejuicios que retratan a las personas mayores como un grupo temeroso, egoísta y fácil de manipular. Pero esta perspectiva no se basa en los hechos. Los análisis políticos demuestran que no existe ninguna relación entre el envejecimiento y la inclinación hacia opciones políticas reaccionarias, y que nuestras perspectivas se construyen a partir de nuestra educación y experiencia política y no cambian sustancialmente con el paso del tiempo. Para confrontar los estereotipos sobre la vejez y la participación política, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y las Open Society Foundations han organizado el proyecto “Ageing democracies / Democracias que envejecen”, en el que cinco investigadores y artistas desarrollan trabajos individuales que exploran las implicaciones políticas del envejecimiento.

Nos encontramos en un momento crítico de la historia. Los valores liberales democráticos se ven amenazados por el auge de políticos autoritarios como Donald Trump, Viktor Orbán, Marine Le Pen o Geert Wilders, y de partidos xenófobos como Alternativa para Alemania, el Partido de la Libertad de Austria o el partido Ley y Justicia de Polonia, que tratan los principios de los derechos humanos y la solidaridad social con escepticismo o incluso con una hostilidad abierta. Mientras, el Brexit y referéndums similares han demostrado que la integridad de la Unión Europea ya no se puede dar por descontada.

Estos cambios drásticos se están produciendo junto con la que probablemente sea la transformación más profunda y a largo plazo en la composición social de Europa desde la ampliación del acceso a la educación: el envejecimiento acelerado de la población. Impulsado por el crecimiento continuado de la esperanza media de vida, el envejecimiento de la población es uno de los resultados más tangibles del progreso social. A pesar de ello, a menudo es tratado por expertos, analistas y otros especialistas como un problema y una fuente de conflictos intergeneracionales.

La idea de que el deterioro de los valores liberales democráticos está en cierta manera relacionado con el aumento de la población de edad avanzada en Europa no tiene ningún fundamento. Es el resultado de supuestos incontestados sobre el envejecimiento y la gente mayor. Pero en los debates públicos se repiten y reproducen constantemente la idea y los mitos que lo defienden. Para hacer frente a estos prejuicios y profundizar en las cuestiones que suscita la política del envejecimiento, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y Open Society Foundations se han unido para llevar a cabo el proyecto “Ageing democracies / Democracias que envejecen”.

El proyecto reúne a cinco personas de diversas procedencias, disciplinas y contextos para crear un grupo de investigación multidisciplinar que incluye a un politólogo, un filósofo, una fotógrafa, una cineasta y un dramaturgo. A lo largo del último año, los cinco han analizado la política del envejecimiento desde diversos ángulos y han producido trabajos que abordan ideas erróneas y generalizadas sobre la gente mayor, sus perspectivas políticas y su papel en la sociedad. Hoy celebramos el aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa con la presentación de las conclusiones del proyecto y sus implicaciones para construir un futuro más justo y democrático.
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El envejecimiento de la población es un hecho positivo

Todos los países de la Unión Europea están experimentando un envejecimiento acelerado de la población. Según las previsiones demográficas de la Comisión, la Unión llegará a un máximo de 526 millones en 2050. Entonces, cerca del 30% de la población total tendrá más de 65 años. Hacia el año 2060, la proporción de personas de más de 80 años será prácticamente la misma que la de personas menores de quince.

Se ha hablado mucho de las profundas consecuencias políticas y económicas que tendrá el envejecimiento de la población. El debate público se suele centrar en la presión que ejercerá sobre el estado de bienestar el aumento de la población de personas mayores, traducido en un mayor gasto público en atención médica y pensiones. De hecho, los artículos de los medios de comunicación sobre el envejecimiento de la población a menudo plantean el fenómeno como una amenaza a la existencia misma del estado de bienestar para las generaciones futuras, enfrentando en la práctica a la población mayor con los jóvenes.

Como resultado, la dimensión generacional de la política ha ganado relevancia. Como el envejecimiento de la población es una tendencia muy a largo plazo, la discrepancia entre las visiones, necesidades y conductas políticas de la gente mayor y de otros grupos de edad influirá en los procesos democráticos y los debates durante las próximas décadas.

No se puede culpar a la gente mayor del aumento del autoritarismo y la xenofobia

Inmediatamente después de la votación del Brexit, mucha gente expresó su frustración por el resultado y sugirió que no se habría debido permitir que las personas mayores votasen. Durante los días posteriores, la idea de limitar el derecho a voto a los mayores trascendió a las redes sociales y se abrió camino en medios como Time, GQ, Huffington Post, VICE, Forbes y El País. También los analistas responsabilizaron de la fortaleza de gobiernos relativamente impopulares o del auge del populismo de derechas al número creciente de votantes de la tercera edad.

Culpar a la gente mayor de resultados políticos inmovilistas, reaccionarios o autoritarios parece casi un acto reflejo y a menudo la discriminación por edad o “edadismo” que implica no encuentra contestación. Los prejuicios basados en la edad se fundamentan en la creencia extendida y muy enraizada de que, por naturaleza, la gente mayor se vuelve más reaccionaria con la edad. Pero, ¿qué hay de cierto en esta suposición?

Empíricamente, la idea no parece tener ningún fundamento. Por ejemplo, la presunción de que el apoyo a los partidos de extrema derecha en Francia y los Países Bajos es más alto entre la gente mayor es en realidad falsa. Según una encuesta de I&O de diciembre de 2016, el apoyo al Partido por la Libertad de Geert Wilders era más elevado entre los votantes jóvenes y disminuía radicalmente con la edad: menos del 5% de los votantes de más de 65 años daban su apoyo a su campaña xenófoba. De la misma manera, las encuestas preelectorales decían que el Frente Nacional de Marine Le Pen era la opción electoral preferida entre los votantes franceses por debajo de los 50 años, mientras que entre la gente más mayor era la tercera opción.

Brighton Pride. Ivan Bandura, 2014.

Que las personas mayores sean menos propensas a apoyar a los políticos autoritarios y xenófobos puede ir en contra de las creencias y las suposiciones, pero no es demasiado difícil entender por qué lo hacen. Los viejos que viven actualmente en Europa aún recuerdan la Segunda Guerra Mundial y el auge del racismo, y la integración europea se fundamentó en gran medida en la idea de evitar los horrores de aquella época. Un estudio reciente del investigador de Harvard Yascha Mounk y de Roberto Stefan Foa, de la Universidad de Melbourne, presenta unos resultados alarmantes: mientras que la mayoría de los europeos mayores piensa que un golpe militar nunca está legitimado en democracia, sólo un 36% de los millennials piensa lo mismo. Sólo el 5% de los europeos mayores de 65 años cree que un sistema democrático es una forma “perjudicial” o “muy perjudicial” de dirigir un país, mientras que el 13% de los millennials lo percibe así. Finalmente, los europeos de la tercera edad son más propensos que los jóvenes a creer que los derechos civiles son absolutamente esenciales para una democracia.

El grupo de la gente mayor es tan diverso como cualquier otro

El hecho es que las perspectivas políticas y culturales de la tercera edad son mucho más complejas y diversas de lo que tendemos a asumir. Esta es la conclusión general del primer trabajo del proyecto “Ageing democracies / Democracias que envejecen”, un informe del profesor Achim Goerres, destacado politólogo alemán especializado en la participación política de la gente mayor.

El informe rechaza el mito de que la gente mayor constituye un único electorado con tendencias reaccionarias, y hace notar que las diferencias entre sus preferencias políticas y las de la gente más joven en Europa no se deben a la edad sino más bien a la manera en que ha evolucionado cada generación política y a las experiencias históricas que han compartido sus miembros. En la medida en que podemos generalizar, los datos sugieren que los europeos más mayores son, de hecho, menos conservadores que sus homólogos más jóvenes cuando se trata de economía. Las únicas excepciones son Suiza y el Reino Unido, donde son ligeramente más conservadores.

Por lo que se refiere a sus opiniones culturales, si bien es cierto que la gente mayor es más conservadora en todos los países europeos excepto en los Países Bajos, estas diferencias son más pequeñas de lo que se piensa generalmente. Las personas que crecieron en el mismo contexto histórico comparten experiencias similares que son las que determinan sus valores hacia el final de la adolescencia y el inicio de la vida adulta. Estas experiencias vienen claramente determinadas por las circunstancias nacionales y la historia política. El hecho de haber nacido en 1955 en Alemania Occidental forjará las preferencias políticas y las formas de participar de la vida pública de alguien de manera bastante diferente que si hubiese nacido el mismo año en Cataluña o la República Checa.

Yayoflautas. Teresa Forn, 2012.

El informe del politólogo Achim Goerres concluye que lo relevante no es la diferencia de edad sino otras desigualdades: pasada la edad de jubilación, las personas se dividen según las mismas desigualdades sociales que experimentan los grupos más jóvenes. De hecho, las diferencias de actitudes y recursos entre los europeos más mayores están relacionadas con desigualdades de género, salud, educación e ingresos. Exactamente igual que en el resto de grupos de edad, estas diferencias no sólo estructuran la posición social de la gente mayor, sino también lo que hacen y lo que quieren de la política.

Si consideramos el ejemplo de los ingresos familiares, el 73% de la gente mayor cree que el gobierno ha de reducir las diferencias de ingresos entre los más ricos y los más pobres. Sin embargo, cuando dividimos a la gente mayor por grupos de ingresos, se ve exactamente el mismo patrón que encontramos entre la gente joven. Los que tienen más ingresos no son tan partidarios de redistribuir los recursos como los que tienen menos. Entre la gente mayor con unos ingresos familiares situados en el tramo más bajo del 30% de la distribución de ingresos de su país, la proporción que apoya la redistribución es del 79%. Entre los situados en el tramo más alto del 30%, esta proporción cae al 62%.

La desigualdad socioeconómica no sólo afecta a las opiniones políticas de la gente mayor, sino que puede afectar también a la manera en que participan en política. Las desigualdades en materia de salud, muy marcadas también por las desigualdades sociales, son bastante notables entre la gente mayor. Tanto es así, que la edad de jubilación se puede dividir normalmente en una edad de “ancianos jóvenes” y otra de “ancianos ancianos”, cuando los problemas de salud impiden las actividades diarias. Una salud peor entre la gente mayor se asocia con menos participación política de cualquier tipo o incluso ninguna en absoluto. A pesar de estos impedimentos, la participación política de los “ancianos ancianos” aún es mayor que la de los jóvenes. El informe concluye que los políticos se dirigen a un electorado imaginario de personas de la tercera edad al que se suponen actitudes políticas e ideas muy similares. En opinión del autor, las inquietudes latentes sobre los conflictos generacionales provocados por una “ola gris” de “viejos egoístas” son en buena parte resultado de las exageraciones de los medios y tienen poco fundamento en los estudios científicos actuales.

La política del envejecimiento es la política del futuro

El hecho de que nunca haya habido tanta gente mayor como ahora, plantea una pregunta preocupante: ¿es que alguna vez los habíamos valorado tan poco? Aunque la población de la tercera edad está creciendo y la población joven no, nuestros imaginarios culturales se guían por un imperativo de juventud. Desde el mundo de la publicidad hasta la industria cinematográfica, nuestra cultura visual equipara la belleza con la eterna juventud. En la cultura pop, la gente mayor a menudo es representada como anticuada, indefensa o irritable. Paralelamente, el periodismo científico suele tratar el envejecimiento como una enfermedad que se debe curar, y no como una parte natural del ciclo vital. En vez de valorar los tempos de la gente mayor y privilegiar su mirada retrospectiva, la sociedad les pide que envejezcan “activamente” para adaptarse a los tiempos.

Cómo envejecemos es una cuestión inherentemente política. Resulta evidente que no todos lo hacemos de la misma manera y que los años que vivimos vienen determinados por nuestras condiciones sociales y económicas. La esperanza de vida y la calidad de vida varían sustancialmente entre países y también en cada país, especialmente como resultado de las desigualdades de ingresos, género y educación. Una política del envejecimiento ha de ir, por tanto, más allá del comportamiento electoral o las preferencias políticas de un determinado grupo de edad. La manera en que envejecemos y las implicaciones de hacerse mayor dependen en buena parte de cómo está organizada una sociedad, qué prioridades define y qué cuestiones se plantea.

Los otros cuatro trabajos del proyecto “Ageing democracies / Democràcies que envelleixen” analizan estas inquietudes. El filósofo Pedro Olalla repasa el texto clásico más antiguo sobre la vejez, De Senectute, de Cicerón. En un libro que publicará próximamente, titulado De Senectute Política, Olalla caracteriza el acelerado y profundo envejecimiento demográfico en Europa como un hecho irrefutable del que hemos de tomar conciencia para garantizar que la sociedad asimile, gestione y se enriquezca con sus implicaciones más profundas. Hay que entender el envejecimiento como un fenómeno intrínsecamente ético y político que nos exige poner en cuestión una sociedad que trata a la gente mayor como saqueadores de las arcas públicas. Olalla propone una nueva lectura de la noción cada vez más popular de “envejecimiento activo” que encaja con el ideal democrático de participación ciudadana y compromiso profundo con la vida política.

Pero el envejecimiento de la población no es el único cambio demográfico importante que afecta a la política del envejecimiento. Actualmente, la gente mayor de Europa forma parte de una sociedad que ha cambiado drásticamente con los nuevos patrones de la migración internacional. Esta cuestión se trata de manera muy sutil en la película documental de la fotógrafa sueca Maja Daniels, titulada La abuela me llama Thomas. El argumento es la amistad poco probable entre Taimaz y Barbro. Barbro, de 87 años, no había conocido nunca un refugiado antes de la visita de Taimaz. Taimaz llegó a Suecia como menor no acompañado procedente de Afganistán. Su vínculo con Barbro es su primera relación con una persona sueca. La historia tiene lugar en Älvdalen, un pueblo envejecido y con muy pocos habitantes de la Suecia rural que tiene una lengua minoritaria no reconocida y amenazada de extinción, y pone cara a las complicadas implicaciones del cambio demográfico en Europa.

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La cuestión política de cómo las diferentes comunidades responden a los retos actuales de nuestra sociedad envejecida es el argumento de Casa de nadie, un documental de la productora cultural catalana Ingrid Guardiola. Con un enfoque experimental y observacional, Guardiola examina la vida de dos comunidades de gente mayor en dos lugares radicalmente diferentes. El primero es Ciñera, un antiguo pueblo minero de León cuya economía se ha visto muy perjudicada por la globalización. El segundo es una residencia de ancianos del barrio El Palomar de Barcelona. En Ciñera, una sólida cultura sindical intenta hacer frente a la doble amenaza de la desindustrialización y el despoblamiento. En El Palomar, el crecimiento económico se ha traducido en un aumento de la población urbana, y un mayor número de gente de la tercera edad que vive en residencias de ancianos y trabajadores que los cuidan. La película destaca la importancia fundamental del trabajo en ambos escenarios y cómo las vidas en estas comunidades divergen en su manera de tratar a la población anciana.

Finalmente, Peca Stefan es uno de los jóvenes dramaturgos con más proyección de Rumanía. Su nuevo trabajo es un híbrido entre una obra de teatro inmersiva, una novela y una exposición. Titulado El nuevo viejo hogar, es un ejercicio de empatía que invita al público a ponerse en la piel de la Sra. D y su nieta millennial, Gina, en su fantástico viaje a través del espacio y el tiempo. Las dos mujeres se reencuentran, después de estar separadas muchos años, para enfrentarse a una situación que las impulsa a una investigación a través de mundos paralelos. El destino de la Sra. D depende de cómo responda a los conflictos que plantean las diversas versiones posibles de su vida como anciana en las actuales Rumanía, Alemania y España, y una lejana versión futura de Europa. Mientras ayuda a su abuela a lo largo del camino, Gina ha de hacer frente a sus propias ideas falsas y temores sobre el envejecimiento, y así surgen una serie de cuestiones recurrentes. ¿Cómo se valora a la gente mayor en las democracias contemporáneas? ¿Cuál sería el mejor mundo posible para Gina y la Sra. D?

Son estas las cuestiones vitales que plantea el proyecto “Ageing democracies / Democracias que envejecen”, cada vez más urgentes ante las recientes evoluciones políticas en el continente. La crisis de la eurozona, la crisis del estado de bienestar, el Brexit y el auge del autoritarismo nos enfrentan hoy a una serie de escenarios futuros que eran impensables hace sólo una década. Estos retos agudizan las tensiones presentes en una transformación de la sociedad que es más lenta pero es igualmente profunda. Cuanto más envejezca la población de Europa, más crucial será articular una buena política del envejecimiento. Sus consecuencias no se limitarán a los jubilados actuales. Los jóvenes son la gente mayor del futuro, y es hoy cuando se está dirimiendo si heredarán o no una cultura democrática.

Marta Segarra: «Queremos poseer el otro y acabamos despojándonos a nosotros mismos»

2 de marzo de 2017 No Comments

¿Hasta qué punto el deseo —que de entrada parece un fenómeno pulsional, que liga al hombre a la animalidad— está condicionado culturalmente? ¿Cómo afectan los tópicos sobre la feminidad a la actitud y las decisiones que una mujer toma en su vida? ¿Qué margen han tenido las mujeres para descubrir su deseo en una historia cultural y sexual escrita por los hombres? Hablamos de ello con Marta Segarra, catedrática de literatura francesa y de estudios de género en la Universidad de Barcelona, y cofundadora y directora del Centro Mujer y Literatura.

Marta Segarra a la conferència Desig i subversió © CCCB, Miquel Taverna, 2017

Marta Segarra en la conferencia Deseo y subversión © CCCB, Miquel Taverna, 2017

Deseamos según unos patrones culturales —no solo los que marcan la educación y las lecturas, también todo cuanto absorbemos diariamente de forma menos consciente.

Anna Punsoda: El amor es cultural y el deseo es natural.

Marta Segarra: El amor es una construcción cultural, sí. Por supuesto que no se entiende igual ahora que hace quinientos años, ni se entiende igual en Barcelona que en Dakar. Pero el deseo tampoco es natural. Tendemos a pensar que es un fenómeno instintivo, pulsional —o natural, como tú dices. Pero también deseamos según unos patrones culturales —no solo los que marcan la educación y las lecturas, también todo cuanto absorbemos diariamente de forma menos consciente.

Para mí, el patrón cultural más obvio es lo que nos impulsa hacia la heterosexualidad. Creemos que es natural que si eres hombre desees a mujeres, y si eres mujer desees a hombres, cuando en la realidad no siempre es así, obviamente. La cultura nos empuja hacia una heterosexualidad que algunas teóricas han denominado «heterosexualidad obligatoria». Los afectos, pero también la sexualidad, vienen marcados por patrones culturales que hoy en día están vehiculados sobre todo por los relatos audiovisuales —el cine, la televisión, la publicidad, las nuevas redes sociales.

AP: Hablando de patrones, en tu ensayo Políticas del deseo contrapones dos arquetipos de mujer: las bíblicas María y Eva. ¿Qué representan estos arquetipos y a quiénes sirven?

MS: De entrada son un ejemplo claro de cómo en Occidente nuestro pensamiento siempre se ha estructurado de forma binaria. Bien y Mal, Alma y Cuerpo, Amor puro y Amor sexual. En este sentido, dentro del género «mujer» se han promovido dos modelos: la mujer buena, que sería María —madre, y además virgen, o sea portadora de vida sin haber sentido nunca deseo sexual—, y Eva, que sería la primera femme fatale de la historia, la que arrastra al hombre hacia el materialismo, le lleva a la condena mediante la atracción que le genera. Eva es la tentación y la muerte porque la expulsión del paraíso simboliza la introducción de la mortalidad en la historia de la humanidad. Este patrón, que se perfila conceptualmente en el siglo XIX, es muy antiguo. Y tiene un mensaje muy claro: el deseo trae desgracia. Es el mito de Carmen, la mujer que no se enamora, pero cuya atracción funciona en una pluralidad de hombres, y acaba esparciendo muertes y dolor.

AP: Y esta idea de la mujer seductora, manipuladora, consciente del efecto de sus encantos, ¿no entra en contradicción con el tópico que nos presenta a la mujer como una criatura sometida a las fuerzas telúricas?

MS: Por supuesto. Este último es un tópico que paradójicamente cobra fuerza en el siglo XVIII, el Siglo de las luces. Se nos dice que por su cuerpo, por su anatomía, la mujer está más cercana a lo natural. Porque se vincula la feminidad a la maternidad. Lo que, según este pensamiento, no pasa con el hombre, que puede sublimar el vínculo con la naturaleza mediante la razón, elevarse por encima de la contingencia material.

«La mujer artista se nos ha presentado a menudo como el arquetipo de la mala madre, porque se dedica al arte —o al trabajo, el que sea— más allá del rol que supuestamente le ha asignado la naturaleza.»

AP: Por eso la mujer siempre ha representado lo eterno, la base de las cosas, y el hombre el complemento, el progreso.

MS: Sí. Precisamente en este sentido hay una oposición conceptual clásica, procreación y creación. Maria Àngels Anglada habla de ello en un poema cuyo título es Una resposta. Estas dos actividades se han visto durante muchos siglos como excluyentes. Muchas mujeres lo han interiorizado, están convencidas de que su papel en el mundo es primordialmente de transmisión, de continuidad, de mantenimiento familiar. La mujer artista se nos ha presentado a menudo como el arquetipo de la mala madre, porque se dedica al arte —o al trabajo, el que sea— más allá del rol que supuestamente le ha asignado la naturaleza.

Marta Segarra i Merri Torras a la conferència Desig i subversió © CCCB, Miquel Taverna, 2017

Marta Segarra y Merri Torras en la conferencia Deseo i subversión © CCCB, Miquel Taverna, 2017

AP: ¿Y no es posible que haya tópicos, como el que nos presenta a la mujer como «aquella que acoge (al hombre, a los niños, etc.)», que arraiguen en la biología?

MS: Pues depende de dónde pongas el acento. La mujer también podría ser «aquella que expulsa». De hecho, Marguerite Duras tiene toda una teoría sobre el parto (la primera expulsión) como movimiento primigenio. Tú ahora piensa cómo afectaría a la estructura social si, en lugar de haberse impuesto el relato de «el cuerpo que acoge», se hubiera impuesto el relato de «el cuerpo que expulsa».

AP: ¿Qué espacio ha tenido la mujer para descubrir su deseo?

MS: Durante siglos el discurso dominante ha dicho que el hombre era el que deseaba y la mujer era el objeto del deseo. El psicoanálisis freudiano reforzó esta imagen. El único papel que podían hacer las mujeres era pasivo. A principios del siglo XX, en Europa, algunas mujeres —aún pocas— demostraron con sus vidas las posibilidades de ir más allá, de vivir su deseo según parámetros propios. Pero empezamos a descubrirnos con los movimientos feministas de los años setenta. «Nuestro cuerpo es nuestro» es una reivindicación que hay que entender en este sentido, como posibilidad para alejarse de los estereotipos sobre la feminidad, con la intención de descubrir nuestro propio deseo.

AP: A diferencia del amor, que se ha visto como un medio de trascendencia, el deseo suele presentarse como desazón y ansias de posesión.

MS: Sí, y no es tan simple. A veces sí que el deseo se traduce en un deseo de posesión, pero a veces, al ponernos en crisis como sujetos, nos trastoca profundamente y nos «deshace». Queremos poseer el otro y acabamos despojándonos a nosotros mismos. En este sentido, los efectos del deseo son interesantes porque ponen en crisis la autonomía y la autosuficiencia del sujeto, problematizan sus límites.

AP: Hay un deseo ético.

MS: Es una forma de decirlo. Por ejemplo, Judith Butler, en Deshacer el género, nos presenta la sexualidad como una de las vías, de las esferas humanas, en las que es más fácil «deshacerse», romper los límites que nos aíslan como individuos. Nos abre al otro, a la diferencia con el otro —diferencia en un sentido amplio.

AP: Y la sexualización de todo ello, la presencia constante de estímulos, ¿cómo afecta al deseo?

MSLa hipersexualización es una forma de canalizar el deseo en unos parámetros muy concretos. Es cierto que salimos de siglos de represión, que la sociedad europea ha sido muy puritana en los siglos pasados. Pero la «sexualización» actual no significa necesariamente que se abran las posibilidades del deseo. El discurso feminista de los años setenta sobre la liberación ha sido reabsorbido por el poder y por la lógica capitalista, con la intención de potenciar el consumo. La liberación per se no es subversiva. El deseo per se no es subversivo. De hecho, es posible, también, como estamos viendo en muchos casos, que la «liberación» y el deseo no pongan en crisis las estructuras sociales de poder, sino que las refuercen.

Marta Segarra participa en diversos debates y programas del CCCB que tatran sobre el papel de la mujer en la sociedad actual. Podéis consultar todos los contenidos relacionados con la autora en la web del CCCB.

Todorov, un cómplice del CCCB

15 de febrero de 2017 No Comments

John Berger, Zygmunt Bauman, Tzvetan Todorov. Este invierno de 2017 nos han dejado autores de referencia que han contribuido de forma esencial a la cultura y al pensamiento crítico. Con ellos desaparece una generación fundamental de la historia europea, un grupo de pensadores que aún tenía memoria directa o indirecta de los horrores del continente. A todos ellos les unía la denuncia del pensamiento totalitario, la obstinación por comprender la complejidad humana y la defensa obstinada de la democracia y la diversidad. La semana pasada recibimos la triste noticia de la muerte del historiador y ensayista búlgaro Tzvetan Todorov a los 77 años. Afable, de formas suaves y de habla pausada, Todorov fue un pensador en mayúsculas, alejado de las fronteras disciplinarias y que invitaba a reflexionar sin dogmatismos. Todorov acompañó la trayectoria del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde ejerció una notable influencia, en una relación que se fue tejiendo a lo largo de los años, y donde pronunció tres conferencias disponibles en la colección Breus y que todavía hoy son totalmente vigentes.

Tzvetan Todorov al Debat de Barcelona Virtuts CCCB (c) Miquel Taverna, 2012

Tzvetan Todorov en el Debat de Barcelona Virtuts CCCB (c) Miquel Taverna, 2012

En la primera conferencia, en 2004, hablaba de las fronteras de Europa, un tema de absoluta actualidad que también tratamos en el Debate de Barcelona de este año. Ya entonces Todorov exigía que la Unión Europea no se limitara a ser una entidad económica y administrativa, sino que le pedía un “complemento de alma” para llegar a ser también una Europa cultural. Consciente de que el continente no tiene un sustrato cultural único y de que su identidad es la diversidad, Todorov defendía un proyecto europeo basado en unos principios políticos comunes y en el espíritu crítico como mecanismo para no dejar nunca de cuestionarse.

En su intervención en el festival Kosmopolis del año 2008 habló de terrorismo y denunció la progresiva legalización de la tortura como instrumento político. En pleno debate sobre los efectos de la invasión norteamericana de Irak, Todorov recordaba que la tortura es una práctica que existe desde la antigüedad pero que ahora, por primera vez, ya no se presentaba como una infracción, lamentable pero excusable, a la norma sino que se estaba convirtiendo en la propia norma. “Un Estado que legaliza la tortura ya no es una democracia”, afirmaba con contundencia.

En 2009 mantuvo un debate con los escritores Juan Goytisolo y Monika Zgustova con motivo del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. “La caída del Muro de Berlín parecía anunciar la de los otros muros que subsistían aquí y allá. Veinte años más tarde, podemos constatar que esta esperanza no ha sido coronada por el éxito. Lejos de desaparecer de la superficie de la Tierra, los muros se han ido multiplicando. ¿Cómo se explica?”, planteaba Todorov en un texto que reprodujimos en el libro Breus CCCB Muros caídos, muros erigidos. Pensador de la alteridad, Todorov denunciaba el “miedo a los bárbaros” como justificación de la proliferación de fronteras y recordaba que “el extranjero no es únicamente nuestro semejante, es nosotros mismos ayer o mañana, a merced de un destino incierto: todos somos un extranjero en potencia”.

La última conferencia de Tzvetan Todorov en el CCCB, impartida en un momento en que la crisis económica hacía estragos entre la población, trataba sobre la virtud de la moderación. Ferviente defensor del pluralismo, Todorov alertaba del frágil equilibrio que sustenta a las sociedades democráticas y del riesgo de los abusos de poder. Ante ello, Todorov hizo un firme elogio de la moderación como principio político y social y una crítica de la simplicidad del pensamiento monolítico. Afirmaba que “la libertad individual es una exigencia fundamental de la democracia, pero la libertad absoluta no es un objetivo deseable” o “garantizar el bienestar material de la población es un resultado deseable, pero si se persigue este objetivo con la exclusión de los otros, acabaremos viviendo en un mundo destinado al culto del dinero. La prosperidad de un país es un medio, no un objetivo”. En una entrevista que nos concedió, alertaba: “Necesitamos recordarnos a nosotros mismos la importancia de los valores fundamentales, como la moderación, porque si los olvidamos, nos convertimos en víctimas de mecanismos que solo privilegian a los más poderosos”.

El último documento que conservamos de Tzvetan Todorov es, sin duda, uno de los más emotivos y que mejor describe su amabilidad. En marzo de 2011 inauguramos el Teatro CCCB y pedimos la opinión sobre el Centre a algunas personas vinculadas a la institución. Todorov accedió a hablar sobre el CCCB en una entrevista que se grabó en su casa de París, en invierno de 2011. Unas palabras y un recuerdo que nunca olvidaremos.

Joan-Francesc Mira: «El Mediterráneo no es una zona de armonía, sino de conflicto»

1 de febrero de 2017 No Comments

Le cuento a Joan-Francesc Mira que «El debate de Barcelona» de este 2017, «Vieja Europa, nuevas utopías»aborda, entre otros temas, si existe una relación entre el envejecimiento de la población europea y el envejecimiento del proyecto europeo. Él me mira severamente, dice que intuitivamente quizás la correlación funciona, pero que sobre el papel no está tan claro. Hablamos de identidades, de pueblos limpios y de pueblos que tiran a sucios, de ciudades que triunfan y fracasan, de Napoleón, de Adenauer y de las hazañas y miserias de Mitterrand.

Joan Francesc Mira al CCCB © CCCB, 2016, Glòria Solsona

Joan Francesc Mira en el CCCB © CCCB, 2016, Glòria Solsona

AP: Lyon, Aviñón, Rávena, Montpellier: las ciudades que citaste en la conferencia «Dante y Llull: culturas, lenguas y mundos», hablando de los núcleos urbanos importantes en la vida de estos dos pensadores, ya no desempeñan ningún papel en Europa. ¿Corren paralelos, el esplendor político y el esplendor cultural de las ciudades? 

Joan Francesc Mira: Por un lado, sí. En los siglos XIII y XIV, Londres solo tenía una importancia relativa –más dinástica que económica o cultural a nivel europeo. Hamburgo, Ámsterdam o Viena no tenían la importancia que iban a tener más adelante. Berlín, ni que decir tiene, no empieza a tener importancia hasta finales del siglo XVIII. Múnich ya era otra cosa. Y Praga. A medida que vas bajando, los núcleos urbanos ganaban importancia. Milán empieza a adquirirla –es cuando empieza a subir la familia Visconti. Venecia sí era importante en todos los campos, sobre todo en el comercio con oriente. Y Florencia ya era el gran centro de actividades financieras.

Las ciudades europeas del norte aún no tenían la potencia que tendrán después con la revolución industrial. Pero, por otro lado, también cité París, que era un núcleo importantísimo desde los siglos IX y X. La dinastía francesa creó un poder que llegó a hacer sombra al papado. Además, París tiene la universidad, que es un gran centro de autoridad filosófica y teológica.

Vista de la universitat de la Sorbona en 1550. CC Edward August, Fourquemin, Nousveaux

Vista de la universitat de la Sorbona en 1550. CC Edward August, Fourquemin, Nousveaux

Recuerda que ni Llull ni Dante pensaban en términos globales como ahora. Para Dante, Nápoles era algo remoto. Su itinerario llega hasta Roma –que es importante pero que demográficamente tiene 30.000 habitantes. Cuando los Borja llegan ahí, Valencia tenía el doble de habitantes.

Por lo tanto, sí y no. No es que las ciudades de Ramon Llull o Dante fueran ciudades muy importantes. Es que tenían mucha autonomía en el ámbito político y esto les daba protagonismo –intrigas, pactos militares, acuerdos comerciales. Pero la vida activa de estas ciudades no se corresponde a su importancia real.

AP: ¿Qué relaciones imperaban entre estas ciudades del Mediterráneo? 

JFM: De conflicto. El Mediterráneo no es una zona de armonía, sino de conflicto. Solo bajo el imperio Romano ha existido unidad entre los pueblos del Mediterráneo. Con las invasiones de los bárbaros se puso fin a la unidad territorial y con la expansión del islam, a la unidad religiosa. Vivimos aún en una dualidad: un sur –el norte de África y el oriente– de origen semítico islamizado, y un norte europeo y cristiano.

Pero, cuidado con eso de la Europa cristiana. Recuerda que los turcos llegan a finales del siglo XVII hasta las puertas de Viena. Que Hungría, que ahora forma parte del centro europeo, durante siglos perteneció al imperio turco.

«Europa es un producto ideológico de la Ilustración y del romanticismo»

AP: No existe una identidad cristiana milenaria.

JFM: Es que los turcos y los «europeos» pensaban en términos de cristiandad, no de Europa. Europa es por aquel entonces una referencia geográfica, como lo será América. Europa es un producto ideológico de la Ilustración y del romanticismo y sobre todo del siglo XX, que ha intentado reinterpretar la historia en términos de identidad de un proyecto antiguo que no existió nunca.

El proyecto antiguo que realmente importó fue el que sale de la división del imperio Romano. En el imperio de Oriente, donde Constantino erige una capital nueva en Constantinopla –Bizancio, que luego será Estambul– siguen hablando griego y teniendo una cultura griega cristianizada, que pasará al mundo eslavo. Este imperio griego desarrolla una especie de cesaropapismo, un tipo de estructura en la que la autoridad civil –el emperador bizantino– detenta también la autoridad religiosa. En el imperio de Occidente la autoridad civil unificada no existe –solo se recupera en Carlomagno, y vuelve a desintegrarse.

AP: Y ello supone…

JFM: Una cristiandad occidental y una cristiandad oriental con características completamente diferentes. También se explica por la evolución de las ciudades, como decías. Allí no ha habido comunas urbanas tipo Florencia o Barcelona –los consejos comunales, la autonomía, los códigos de leyes, los estatutos, el comercio regulado, las universidades. No ha habido universidades medievales, ni Renacimiento ni Ilustración ni burguesía en los siglos XVIII y XIX.

Aunque a menudo dependieran del rey, las comunas autónomas mediterráneas son el precedente de la democracia representativa. O culturalmente: Dante ya es un prehumanista y se preocupa de ese modelo romano antiguo –que es un modelo ético, ideológico y estético independiente del modelo cristiano. Aquí hay una autonomía del pensamiento y de la estética respecto a la doctrina sagrada –una autonomía que en el cristianismo oriental no ha existido nunca.

«Putin ha reactivado la hostilidad oriental contra el occidentalismo»

AP: ¿Y dónde empieza y dónde acaba este cristianismo occidental?

JFM: Mira, allí donde hay una catedral gótica es que ha habido todo este tipo de sociedad y de cultura occidental. Por ejemplo, la idea de estudiar leyes o medicina en la universidad. La universidad te da una licencia para enseñar o te reconoce como doctor, o sea se te otorga la capacidad de establecer doctrina. Todo ello representa una mentalidad, una política, unas expresiones artísticas y una forma de vivir muy concretas, que irían desde Finlandia hasta Venecia –con la costa croata incluida (piensa que lo que ahora se llama Dubrovnik era la República de Ragusa, de cultura italiana).

Putin está haciendo renacer esta diferencia entre los dos mundos y la iglesia ortodoxa la está reconociendo como si fuera el zar: como la autoridad sobre la iglesia. Él es el gran patrón del reaccionarismo universal: financia a la señora Le Pen, la reacción de Hungría, los adversarios de la Unión Europea, o la restauración de los monasterios del monte Athos. Él ha reactivado la hostilidad oriental contra el occidentalismo.

AP: Occidentalismo también es un concepto extraño. Durante muchos siglos –de hecho parece un fenómeno cíclico– se creyó que existía una división entre pueblos latinos y pueblos anglosajones que era insalvable.

JFM: Es que desempeña un papel fundamental. Al principio fue una contraposición de origen étnico: romanos contra «bárbaros» germanos. Pero poco a poco los pueblos se van mezclando y en la época medieval avanzada esta división deja de tener importancia. Lo que pasa es que vuelve a coger fuerza porque los dos pueblos realizan una evolución económica diferente. Porque los pueblos del norte comienzan a prosperar y a modernizarse más deprisa. Hay un tipo de capitalismo mercantil que allí cuaja más –porque hay una mayor libertad económica. Concretamente en la zona protestante hay una activación más rápida de la cultura urbana avanzada. Ciudades más limpias, más ordenadas, más organizadas. Y ello a partir del siglo XVIII crea unas formas de vida y unas formas de conciencia colectiva diferentes. Sin razón, no obstante, un ciudadano de Hamburgo o de Rotterdam o de Londres o de Edimburgo nos sigue viendo todavía como un pueblo atrasado.

AP: Y a pesar de estas diferencias se ha querido construir una identidad europea.

JFM: El primero en intentarlo fue Napoleón. No por convencimiento ideológico sobre ninguna cultura europea, naturalmente. Pero le interesaba dar una pátina histórica o cultural a su imperio militar. Y tras él, los nazis, sobre todo por oposición a la Unión Soviética, que para ellos representaba a los pueblos asiáticos. Durante la Segunda Guerra Mundial, esta oposición que remarcabas entre norte y sur europeo queda absorbida por una oposición entre oriente y occidente.

La idea de Europa como estructura política construida por el acuerdo comunitario entre diferentes pueblos es posterior a la Segunda Guerra Mundial. Desde el siglo XVII, con la guerra de los treinta años, no habíamos dejado de matarnos. Europa cuenta con sesenta años y está pensada para pacificar.

Quadre Entry of Napoleon I into Berlin, 27th October 1806. CC C. Meynie, 1810

Cuadro Entry of Napoleon I into Berlin, 27th October 1806. CC C. Meynie, 1810

AP: Quizá también porque sus países pudieran tener un papel en el mundo global. 

JFM: No. Tienes que mirarlo en clave interna. En 1945, por primera vez en dos siglos Alemania está completamente destruida y ocupada. Solo entonces la pueden someter a una unión que –creen los demás países– les hará perder potencia. De hecho, la primera unión es la Comunidad Económica del Carbón y del Acero. ¿Por qué? Porque si controlas la producción y el uso del acero controlas la industria de guerra. No puedes desplegar un armamento pesado propio. Por lo tanto, esta fue la prueba definitiva de la buena voluntad de Alemania: su producción de acero debía estar sometida a un organismo de control supranacional.

Piensa que en los años 1946 y 1947 los alemanes perdieron más de una tercera parte de su territorio. Eso son 14 o 15 millones de alemanes expulsados de lo que ahora es Polonia, o Chequia, o la zona de Königsberg, que ahora es rusa, y acogidos después por la Alemania Occidental. Ahora nos escandalizamos por los 400.000 palestinos de la guerra árabe-israelí de 1948, pero los países árabes vecinos nunca fueron capaces de acogerlos.

«Los tres grandes padres ideológicos y políticos de la Unión fueron Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi y Robert Schuman»

AP: Volvamos a la debilidad de Alemania. ¿Quién la aprovecha?

JFM: ¡Mujer! Los que entran en la Unión como fuerza dominante son los franceses –que a pesar del mito de la resistencia y de De Gaulle habían perdido la guerra. A través de la Unión, intentaron controlar a los alemanes y, además, satisfacer sus ansias de grandeza histórica.

Los tres grandes padres ideológicos y políticos de la Unión fueron Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi y Robert Schuman, los tres de zonas de frontera o de orígenes mezclados, y los tres germanohablantes. Quiero decir que Adenauer venía de la parte alemana más afrancesada, De Gasperi era un italiano del norte nacido dentro de la vieja Austria-Hungría y Schuman, un francés de origen germánico. Cuarenta años después, Helmut Kohl y François Mitterrand serán la reconciliación espiritual europea. Mitterrand era un gran político –era un gran canalla, que protegió a criminales de guerra franceses que habían trabajado con los nazis, pero un gran político y supo ver que había llegado el momento de consolidar el proyecto.

AP: ¿Quo vadis, Europa?

JFM: Pues, mira, por una parte, desde el final de la época comunista en toda la Europa ortodoxa ha habido una resurrección de la fe cristiana impresionante. Y no solo en la Rusia de Putin. Recuerda que Tsipras gobierna gracias a un partido ultranacionalista, ultrarreligioso y ultragriego, con el apoyo de los militares y de la iglesia.

En nuestra Europa es todo más imprevisible. Por un lado, no diría que aquí hay una recuperación de la práctica religiosa católica. Hay una necesidad permanente de tipo religioso, que se ha sustituido por creencias esotéricas y absurdas. Y hay también toda una ola de protestantismo evangélico que viene de Sudamérica o de Estados Unidos, que es muy reaccionario, absolutamente literal en la interpretación de la Biblia, que no tiene nada que ver con el protestantismo original, y que va adquiriendo cada vez más protagonismo. Y luego hay 45 millones de musulmanes en Europa que creen como creía hace siglos el cristiano más riguroso. Y esto tiene una potencia de movilización que no tienen los valores sobre los que se sostienen nuestras democracias, como lo demuestra la forma que tenemos de afrontar los atentados yihadistas. El futuro no lo sé, pero la clave será esta. No me hace gracia tener que decirlo, pero es así.

Un viaje por la arquitectura del deseo

26 de enero de 2017 No Comments

«1.000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad» explora de qué manera la arquitectura ha definido nuestros espacios para el sexo. Enmarcada en dos revoluciones, la Francesa (1789) y la de Mayo del 68, la exposición traza un recorrido histórico a través de la literatura, el arte, la arquitectura, el diseño y las aplicaciones móviles. Para que no te pierdas entre las 250 piezas que ocupan los 1.000 m2 del título, hemos hecho una selección de obras imprescindibles, que por sí mismas merecen una mirada por su importancia histórica, porque son únicas, curiosas o porque las hemos construido explícitamente para la muestra. Una colección de libros, maquetas, planos, grabados y reproducciones de espacios a escala real para que te adentres en un mundo sugerente y, al mismo tiempo, hagas un viaje en el tiempo por la arquitectura del deseo.

Playboy, ¿una revista para amantes de la arquitectura?

«El hombre Playboy y su revista son arquitectura», escribe la arquitecta Beatriz Colomina en el texto del catálogo de la exposición. Y es que, a pesar de que esta revista era (y es aún) un referente del erotismo, uno de los objetivos de su editor, Hugh Hefner, era también ser un referente del estilo, la arquitectura y el diseño. El hombre Playboy tenía que vivir en un apartamento diseñado para la seducción, un loft sin puertas ni habitaciones para tener a la mujer en todo momento a la vista. Por ello, los mejores arquitectos y diseñadores del momento, desde Charles Eames hasta Eero Saarinen, ocupaban páginas y páginas en la revista al lado de chicas desnudas, artículos de Truman Capote y entrevistas con Michael Caine. En la #expodeseo encontraréis un espacio dedicado exclusivamente a la revista Playboy, comisariado por Beatriz Colomina y su equipo: explorad las maquetas de la mansión Playboy y el avión de su editor, leed los artículos sobre los arquitectos de moda, acostaos en la cama redonda de Hefner y mirad los planos de las casas más impactantes de la época, algunas de las cuales fueron escenarios de películas como las de James Bond.

Llit de Hugh Hefner, editor revista PlayBoy © CCCB, 2016

Cama de Hugh Hefner, editor revista PlayBoy © CCCB, 2016

La pornografía según Nicolas Restif de la Bretonne

¿Sabíais que el término “pornografía” aparece por primera vez en 1769? Concretamente, en un tratado de Nicolas Restif de la Bretonne, un escritor que en su obra Le Pornographe (neologismo que acuñó él mismo para designar a un escritor que se ocupa de la prostitución) describe con todo lujo de detalles cómo tendría que ser un establecimiento dedicado a la prostitución o cuánto valdría cada chica en función de su edad y belleza. Para Restif de la Bretonne, la pornografía era un asunto de Estado y su propuesta era innovadora y audaz: pensad que hablamos de la Francia prerrevolucionaria. Estos establecimientos, llamados parthénions (casas para jóvenes vírgenes), influyeron sobremanera en las teorías de Charles Nicolas Ledoux, de quien encontraréis abundantes ejemplos en la muestra, incluido el famoso Oikema. Encontraréis el original de Le Pornographe en la exposición.

Las polaroids de Carlo Mollino

Carlo Mollino era un prestigioso arquitecto italiano que cultivó también otras disciplinas: la literatura, el automovilismo, la aeronáutica o el diseño de muebles. Pero a Carlo Mollino le interesaba, por encima de todo, la fotografía. A raíz de su muerte, en 1973, sus herederos descubrieron una colección de fotografías de la cual desconocían la existencia: imágenes de mujeres, elegantemente desnudas, que Mollino había retratado a lo largo de su vida. Las polaroids se realizaban en su propio apartamento, donde Mollino tenía un set que preparaba para cada ocasión. Escogía a las mujeres en la calle o en prostíbulos de Turín, donde él vivía: no hay ninguna que repita ni ninguna escenificación igual. Más de 1.000 gestos fetichistas plasmados en 8×10 cm que descubriréis en una pequeña habitación medio a oscuras.

Polaroids de Carlo Mollino © CCCB, 2016

Polaroids de Carlo Mollino © CCCB, 2016

Los planos originales del panóptico de Jeremy Bentham

El sufragio universal, la separación entre Iglesia y Estado, la abolición de la esclavitud, los derechos de los animales, la libertad sexual, la emancipación de la mujer o la despenalización de la homosexualidad: Jeremy Bentham fue un pionero en la defensa de ideas que hoy en día están en boca de todos. Una de sus grandes aportaciones es la idea del panóptico, la figura arquitectónica del poder en la sociedad moderna: una casa de inspección que se puede aplicar a cualquier institución (una cárcel, un hospital, una escuela) y que permite vigilar a la población en todo momento. La cárcel Modelo de Barcelona tenía la estructura de panóptico definida por Bentham en 1791. Jeremy Bentham, sin embargo, era filósofo y no arquitecto, y por esta razón los planos originales del panóptico que encontraréis en la exposición son de Willey Reveley. Por cierto, si tenéis curiosidad por saber qué cara tenía (literalmente), podéis visitar su momia vestida en el University College de Londres.

El croquis del falansterio de Charles Fourier

El filósofo utópico Charles Fourier fue contemporáneo de Jeremy Bentham y, como él, fue un revolucionario. Pero también fue un utopista que creía en la bondad del ser humano y en la creación de un paraíso sexual donde se pudieran reconocer y satisfacer todas las pasiones. Este paraíso se llamaba Harmonia, y el falansterio sería el espacio donde estas pasiones se producirían. Ocuparía 5 km2 de tierra cultivable en un terreno cercano a un bosque y una gran ciudad. Constaría de tres pisos y tres alas, una de ellas destinada a los placeres sexuales. Esta idea fue adoptada por los movimientos hippies de los años sesenta del siglo xx, pero encontramos también otros ejemplos en la arquitectura, como el edificio Walden 7 de Ricardo Bofill (la forma del cual, por cierto, recuerda a una vagina), las cúpulas geodésicas (encontraréis una en el centro de creación de Comediants en Canet de Mar) o las ciudades utópicas diseñadas por el grupo de arquitectura Archigram. En “1.000 m2 de deseo” encontraréis los diseños originales del falansterio, así como la maqueta original del edificio de Bofill. 

Maqueta de l’edifici Walden 7 de Ricardo Bofill © CCCB, 2016

Maqueta del edificio Walden 7 de Ricardo Bofill © CCCB, 2016

El grabado del sacrificio de un asno en honor a Príapo de El sueño de Polífilo

Es el sueño de todo bibliófilo: un libro enigmático, del cual  no se sabe con certeza el autor, que reúne todos los saberes de la edad media, de la mitología al ajedrez, la astronomía, la liturgia, la epigrafía, la arqueología o el arte de podar zarzales. El sueño de Polífilo (Hypnerotomachia Poliphili), publicado en 1499, narra la historia de Polífilo, el cual sueña en recuperar a su estimada Polia mientras recorre paisajes imaginarios de arquitectura fabulosa: es uno de los primeros ejemplos que une arquitectura con erotismo. Contiene 171 grabados de autor desconocido, entre ellos, el sacrificio de un asno en honor a Príapo que se puede ver en la exposición. El libro, dedicado al duque de Urbino, fue financiado por el noble Leonardo Grassi, protonotario apostólico, aficionado a la arquitectura y responsable de las fortificaciones de Padua, e impreso en Venecia por Aldo Manuzio, uno de los impresores más famosos del momento. Vaya, como si Planeta hubiera editado un libro dedicado al conde de Godó pagado por la familia Güell.

El Centro de Entretenimientos Sexuales de Nicolas Schöffer

Imaginad un espacio dedicado únicamente al placer, a los cinco sentidos. Un espacio donde la luz, los olores, los colores están enfocados a estimular vuestros sentidos y a prepararlos para el acto sexual. Esto es el Centro de Entretenimientos Sexuales que el artista plástico y escultor Nicolas Schöffer diseñó para la Ciudad cibernética (1955-1969), un proyecto de ciudad utópica inspirada en Fourier. Como toda idea utópica, nunca llegó a materializarse, pero en la exposición podréis ver una reproducción a escala real de este espacio: una sala cerrada donde la luz, las texturas, las esculturas metálicas geométricas y la música se erigen en protagonistas para que el visitante pueda experimentar con todos los sentidos. Una experiencia que hay que vivir con la mente abierta.

Reproducció el Centre d’Entreteniments Sexuals de Nicolas Schöffer © Gregori Civera, 2016

Reproducción el Centro d’Entretenimientos Sexuales de Nicolas Schöffer © Gregori Civera, 2016

Una segunda vida (virtual)

Imaginad un espacio donde podéis vivir la vida que queréis. Donde podéis dar libertad a vuestros deseos más perversos. Donde podéis imaginar que tenéis un pene de formas imposibles, o que vosotros mismos tenéis una forma imposible que os permite disfrutar de placeres desconocidos… Second Life empezó como un mundo virtual donde, a través de un avatar, los usuarios podían interactuar con otros avatares y construir su propio mundo, pero se ha convertido en un territorio sin normas ni tabúes donde los usuarios organizan encuentros sexuales en entornos que reproducen con todo detalle la arquitectura de sus fantasías. Eso sí, todo sucede en un espacio virtual. En la exposición podréis ver un vídeo que muestra estos espacios digitales para el sexo. 

Captura del vídeo de Second Life

Captura del vídeo de Second Life

Los baños de Rem Koolhas

Centro de Londres. Delimitado por un muro se extiende un espacio asolado dividido en once zonas, entre las cuales, una plaza de ceremonias, el Parque de los Cuatro Elementos, con templos para experiencias sensoriales, la Plaza de las Musas (solo sobrevive el Museo Británico) y los Baños. Inspirados en el Oikema de Ledoux, en estos baños hay zonas de observación, exhibición, seducción y encuentro (las piscinas) y también celdas para la consumación, donde se proyectan fotogramas de una película pornográfica, La esclava blanca. Un sueño utópico del arquitecto Rem Koolhas, premio Pritzker, autor del icónico edificio de la televisión china, pensado en los primeros años de la arquitectura radical de los años setenta. En la exposición podréis ver los dibujos y planos originales de esta idea.