Ramon Llull visto desde la música

7 de diciembre de 2016 No Comments

Josep Maria Mestres Quadreny © CCCB, Miquel Taverna, 2016

La amplitud de la obra de Ramon Llull ha influido en disciplinas muy diversas. En el debate «La música de los números», el músico Josep Maria Mestres Quadreny recorrió la historia de la creación musical a partir de las aportaciones lulianas a la cultura.

Los Rims lulianos: la separación entre música y poesía

Cuando Ramon Llull decide convertirse «a la penitencia», reniega de su pasado de trovador y comienza a escribir Rims, poesías pensadas para ser leídas y no cantadas. Esto supone una ruptura de la unión hasta entonces intrínseca entre música y poesía y da lugar al nacimiento de una poesía con entidad propia que no necesita ser cantada.

Anton Webern

Tras esta primera ruptura, Mestres Quadreny describió las sucesivas rupturas que han conformado la historia de la música y que se enlazan hasta llegar a la segunda mitad del siglo XX, en que los compositores europeos siguieron la estela de Anton Webern, que había suprimido el hilo conductor de la melodía, y abrazaron la experimentación musical. Esta es la generación de compositores a la que pertenece Mestres Quadreny, que incorporó la combinatoria y el azar a la composición musical.

La creatividad según Llull

En cuanto a la creación artística, Mestres Quadreny suscribe una afirmación luliana que considera que «toda la actividad y los conocimientos del hombre son una sola cosa». Por lo tanto, el compositor cree que es en el cerebro donde, además de almacenar información, se gesta la creatividad. De hecho, la memoria de lo vivido y los conocimientos aprendidos son precisamente las fuentes que permiten el desarrollo de la creatividad.

Las primeras creaciones artísticas de Mestres Quadreny partían de una pieza musical que ya conocía, la Sonata para piano de Webern, y con la que experimentó y jugó hasta que descubrió el poder creativo del azar y la probabilidad. Inspirado por Joan Miró, la divisa que siguió Mestres Quadreny era: «la imitación del azar conducido por la mano del artista».

Llull y el siglo XX: utopía, informática y energía

Mestres Quadreny ve en la obra de Llull la semilla de tres debates que marcaron el siglo XX. En primer lugar, equipara el misticismo luliano a los proyectos utópicos ligados al progreso de la sociedad. Esto le lleva a preguntarse por la actitud utópica de los artistas contemporáneos. En su caso, el futuro ideal pasa por una sociedad en la que el arte pueda mejorar la calidad del hombre. El segundo ejemplo lo extrae de la obra Ars combinatoria y se trata de la máquina de pensar de Llull. Mestres Quadreny ve en esta creación un claro precedente de la informática actual. Por último, destaca la aportación de Llull en la conocida ecuación de Einstein: «E =mc2». Ramon Llull ya se había dado cuenta, cuando enumeraba los elementos del universo, de que había uno que era «el calor del fuego», es decir, la energía.

Joan Brossa, Askatasuna, Els entra-i-surts del poeta.

El pedestal son los zapatos: Llull y Brossa

Si hay un personaje de las últimas décadas que pueda compararse con Ramon Llull, este es Joan Brossa, gran amigo de Mestres Quadreny. En su opinión, a pesar de las diferencias evidentes entre ambos personajes, los dos fueron poetas rompedores con la tradición vigente, con el objetivo claro de comunicar a los demás la verdad que habían encontrado y de maneras muy diversas. Además, a nivel personal, tanto Llull como Brossa decidieron menospreciar cuestiones materiales para ir al núcleo de las cosas: el «ser» delante del «tener».

«Hay que politizar el juicio sobre cualquier transformación urbana»

17 de noviembre de 2016 No Comments

Entrevista a David Bravo, arquitecto y colaborador del CCCB

¿Cuáles son los problemas de vivienda y urbanismo que más preocupan a escala global? ¿Están de acuerdo los gobiernos, las empresas y las instituciones en el momento de abordarlos? ¿Las ciudades comparten problemáticas y conflictos similares? En octubre de 2016 se celebró en Quito «Habitat III», la tercera Conferencia Internacional sobre Vivienda y Desarrollo Sostenible. La ONU convoca esta cumbre cada veinte años para definir lo que se ha llamado «Nueva Agenda Urbana», la hoja de ruta que los estados y organizaciones tienen que seguir en materia de urbanismo y desarrollo urbano.

El arquitecto David Bravo, colaborador del Centro de Cultura Contemporánea en proyectos como el Premio Europeo del Espacio Público y la exposición «Piso Piloto», de la que fue co-comisario, asistió a la cumbre en representación del CCCB. Carlota Broggi, responsable de itinerancias del CCCB, entrevista a David Bravo sobre su experiencia en «Habitat III».

La necesidad de entender la vivienda como un derecho, de democratizar las ciudades y alejarlas de los intereses de las grandes corporaciones, la gentrificación y el discurso acrítico alrededor de las llamadas smart cities (ciudades inteligentes) son temas comunes que preocupan tanto en Barcelona como en Quito y que David Bravo recupera en esta entrevista.

David Bravo en el CCCB. Foto: Lucía Calvo

¿Qué sentido tuvo la presencia del CCCB en Quito?  

- «Habitat III», la Conferencia de la ONU sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, reunió en Quito a activistas, pensadores y gobernantes de todo el planeta a fin de establecer las directrices de la Nueva Agenda Urbana. La relevancia de este encuentro se refleja en el hecho de que solo se celebra cada veinte años. La presencia del CCCB dio visibilidad a su reflexión sobre el hecho urbano, que, desde los inicios de la institución, forma parte de su ADN. La mirada del CCCB sobre la ciudad ha sido siempre transversal y se ha esforzado por cruzar disciplinas tan diversas como la filosofía, la literatura, la política y el urbanismo. Esta promiscuidad era muy pertinente en el contexto de Quito, donde se encontraron voces de muy distintas procedencias geográficas y disciplinarias.

- El debate generado en «Habitat III», ¿de qué forma te ha hecho cambiar tu visión de lo que deberían ser la arquitectura y el urbanismo como instrumentos para regenerar la ciudad?

- Más que hacerme cambiar de visión, me ha confirmado que la arquitectura y el urbanismo son armas de doble filo. Por un lado, pueden estar al servicio del abuso de poder, contribuir a la injusticia espacial, la especulación inmobiliaria, la corrupción urbanística, la deuda pública, el derroche energético y la concentración de riqueza en pocas manos. Por otro, sin embargo, son instrumentos ineludibles para la democracia.

- Más que de «regeneración», hay que hablar de democratización de la ciudad. Demasiado a menudo somos víctimas de una neofilia cegadora que nos lleva a presuponer que toda regeneración es positiva. Pero no siempre es así; muchas veces, regenerar significa estropear un tejido social y urbano, echar a perder sus valores y excluir o expulsar a sus habitantes más desfavorecidos. Por este motivo hay que politizar el juicio sobre cualquier transformación urbana, que en ningún caso es una cuestión puramente técnica o estética. Las transformaciones democratizadoras son aquellas que mejoran la convivencia de quienes comparten hoy la ciudad —justicia— y la supervivencia de quienes la heredarán mañana —sostenibilidad—. Si no se cumplen estas dos condiciones, no se está construyendo democracia.

«La arquitectura y el urbanismo son armas de doble filo: pueden estar al servicio del abuso de poder y ser a la vez instrumentos para la democracia» 

- La cumbre convocó a alcaldes de todo el mundo, así como a responsables de gestión y gobernabilidad de todas partes. ¿Hay consenso respecto a la visión de la vivienda como necesidad básica y como fenómeno colectivo, tal como lo es el espacio público?

- No, de ningún modo. Hay una gran polarización entre los que entienden la vivienda como un activo inmobiliario y priorizan el derecho a la propiedad y los que, antes que nada, entienden la vivienda como un derecho básico y como un instrumento para democratizar la ciudad. Esta polarización se manifiesta de varias formas. De los «encuentros temáticos» (thematic meetings) celebrados previamente en distintas ciudades para preparar la cumbre de Quito —en Barcelona hubo uno en abril— surgieron declaraciones oficiales en las que abundaban las alertas contra la «injusticia espacial» y en defensa del «derecho a la ciudad», conceptos que también estuvieron muy presentes en los actos de Quito, tanto en los networking events de la propia cumbre como en los foros alternativos celebrados paralelamente. A pesar de todo, algunos estados miembros de la ONU rechazan el uso de estos conceptos. Tanto es así que la declaración final de la cumbre, tal como señala el politólogo Joan Subirats, abunda en aproximaciones comerciales como la «smart city», mientras que elude la palabra «democracia» y hace una sola referencia, muy tangencial, al «derecho a la ciudad».

Hace unos años que se ha incorporado al debate sobre vivienda y urbanismo la necesidad de apostar por ciudades inteligentes o smart cities. ¿Qué significa realmente este concepto y qué relevancia tuvo en Quito?

- Mi principal objeción a la corriente de las smart cities es que pone los medios por delante de los fines. De alguna forma, podríamos decir que contradice la tesis maquiavélica según la cual «el fin justifica los medios» defendiendo que «el medio justifica los fines», afirmación igualmente errónea. A menudo la smart city ofrece soluciones a problemas irrelevantes o inexistentes, mientras que elude dar solución a los dos principales problemas que sufren todas las ciudades: la injusticia y la insensatez. Por poner un ejemplo, no necesitamos sensores que nos permitan encontrar aparcamiento más rápidamente; lo que nos hace falta es conseguir que las ciudades puedan volver a funcionar sin un invasor tan injusto e insostenible como el vehículo privado, aunque sea eléctrico o sin conductor.

- La smart city se aproxima al hecho urbano desde una tecnofilia acrítica altamente despolitizada mientras olvida —u oculta— que cualquier transformación urbana tiene causas y efectos políticos —¡política viene de polis, que quiere decir ciudad!—. Además, lo hace de la mano de grandes corporaciones globales de dudosa reputación —como Cisco Systems o Telefónica— que concentran mucha riqueza y poder en pocas manos. Bien es cierto que, últimamente, se habla también de smart citizens, en lo que parece un lavado de cara de una iniciativa que, originariamente, se había olvidado de la gente. Y no cabe duda de que las nuevas tecnologías pueden ser de gran utilidad para mejorar la transparencia, la participación, la coproducción colaborativa y la gestión democrática de las ciudades. Pero hay que tener siempre muy presente que la tecnología es solo un instrumento y que tan pronto puede estar al servicio de la democracia como del abuso de poder.

«La smart city ofrece soluciones a problemas irrelevantes o inexistentes, mientras que elude dar solución a los dos principales problemas que sufren todas las ciudades: la injusticia y la insensatez»

Foto: Lucía Calvo

- Como representante del CCCB, ¿qué aportación al debate general pudiste hacer durante las mesas redondas que se organizaron en «Habitat III»?

- En especial, se dio visibilidad a las lecciones acumuladas por el Premio Europeo del Espacio Público Urbano —convocado desde el año 2000 por el CCCB junto a seis instituciones más, de Fráncfort, Helsinki, Liubliana, Londres, París y Viena— y a las reflexiones aportadas por la exposición «Piso Piloto» —organizada conjuntamente por el CCCB y el Museo de Antioquia de Medellín—, que muestra multitud de soluciones que han demostrado su viabilidad a la hora de hacer efectivos el derecho a la vivienda y el derecho a la ciudad.

¿Piensas que esta reflexión ha evolucionado durante las jornadas de trabajo en Quito?

- Las reflexiones que hay detrás de «Piso Piloto» se han enriquecido porque han demostrado que, más allá de los contextos de los que partía la exposición —las ciudades de Barcelona y Medellín—, son igualmente pertinentes en otros escenarios, como las ciudades ecuatorianas o mexicanas. En Quito o el DF también preocupan fenómenos como la gentrificación, la falta de viviendas públicas de alquiler social y la proliferación de grandes promociones privadas que empobrecen el tejido urbano y aíslan a sus residentes en comunidades cerradas. En último término, se constata que el derecho a la vivienda y el derecho a la ciudad son universales e inseparables uno de otro. Es más: en un mundo cada vez más urbanizado, estos derechos constituyen la base del resto de derechos humanos.

- Si «Piso Piloto» sostiene que «la ciudad del futuro ya está construida», ¿por qué crees que es útil discutir los desafíos de la urbanización en el siglo xxi?

- Cuando decimos que «la ciudad del futuro ya está construida» no nos referimos a que no haya que hacer nada más ni pretendemos que todo se deje tal como está. Lo que queremos es superar el paradigma urbanizador del siglo xx, basado en el crecimiento ilimitado. Superar la lógica utopista del urbanismo moderno, que prefiere la tabla rasa o la obra nueva antes que tratar con la complejidad del lugar preexistente. Superar la extensión compulsiva del suelo urbano a través de sectores de nueva planta, monofuncionales y de baja densidad. Superar un modelo caduco, altamente injusto e insostenible, responsable de la dispersión urbana, la segregación espacial, las emisiones contaminantes, el derroche energético y la depredación territorial.

Lejos de ser nostálgico, hoy es plenamente contemporáneo defender el modelo premoderno de ciudad mixta y compacta, hecha de fincas pequeñas y entre medianeras, con calles corredor que favorecen el comercio de proximidad, la mezcla de usos y clases sociales, el movimiento peatonal y la posibilidad de un transporte público eficaz y de calidad. Este modelo es mucho más pertinente para afrontar los retos económicos, ecológicos y políticos que nos plantea el futuro inmediato.

«En Quito o el DF también preocupan fenómenos como la gentrificación, la falta de viviendas públicas de alquiler social y la proliferación de grandes promociones privadas que empobrecen el tejido urbano y aíslan a sus residentes en comunidades cerradas»

Idealmente, ¿cuál crees que sería la mejor Agenda Urbana de los próximos años?

 - A mi entender, la Agenda Urbana tendría que ser una apuesta decidida por inundar las ciudades de radicalidad democrática. Lejos de ser un brindis al sol, esta apuesta puede traducirse en medidas muy concretas y contrastables. Cualquier transformación urbana debería democratizar la ciudad en cuatro sentidos principales:

1. Mirando hacia abajo, está el principio de redistribución, que transmite riqueza y oportunidades a la base de la pirámide social. Hay que democratizar el acceso a los recursos básicos y los lugares primordiales, combatir las crecientes desigualdades y entender que la cohesión social es una condición necesaria para el buen funcionamiento de cualquier ciudad.

2. Mirando hacia delante, está el recurso de la sostenibilidad, que mejora el legado que dejamos a las próximas generaciones. Hay que dejar de endeudarlas económicamente, de derrochar los recursos energéticos que necesitarán o de echar a perder el medio ambiente donde vivirán. Promover formas sensatas de hacer ciudad es el modo más eficaz de combatir el cambio climático.

3. Mirando hacia atrás, está el valor de la memoria, que extrae las mejores lecciones del pasado para que cada generación pueda progresar desde un punto de partida cada vez más adelantado. Hay que llenar los huecos disponibles en los tejidos compactos, activar las preexistencias heredadas del pasado con nuevos usos y sentidos que preserven sus valores patrimoniales. Reformar, reciclar, reutilizar y rehabitar lo que está construido antes de destruir, sustituir o edificar de nuevo.

4. Mirando hacia arriba, está la idea de la participación —o el bottom-up—, que nos permite combatir la tecnocracia, el populismo, el clientelismo y el abuso de poder. Hay que usar la pedagogía, la transparencia y el rendimiento de cuentas para transformar a los indiferentes o egoístas en ciudadanos responsables, rigurosos, concienciados, implicados y empoderados.

¿Quién vota a Donald Trump?

28 de octubre de 2016 No Comments

El periodista del New Yorker William Finnegan dio algunas claves para entender el éxito del candidato republicano.

¿Cómo es posible que uno de los hombres menos preparados, más machistas, racistas y xenófobos del planeta, sea candidato a ocupar el cargo de más responsabilidad y poder en la política global? Esta es la pregunta que muchos nos hacemos después de ver o leer la enésima noticia sobre alguna de las salidas de tono del político republicano Donald Trump. Y es la pregunta a la que intentó responder el periodista del New Yorker William Finnegan en la conferencia que impartió en el CCCB, «El periodismo y el futuro de la democracia».

Donald Trump es visto como un freak por muchos analistas, un fenómeno extraño en la historia política de Estados Unidos. En vez de poner el foco en el personaje grotesco y maleducado, William Finnegan habló del contexto mediático y político que ha facilitado que Trump se encuentre a las puertas de la Casa Blanca. Gane o pierda las elecciones, el periodista considera que hay dos fenómenos que han trastornado la política norteamericana y que son claves para comprender el auge electoral de Trump:

El poder que ejerce toda la red de medios de comunicación de derechas (radios, televisiones, webs) de la órbita de la cadena Fox, unos medios que han roto con el modelo de que las noticias deben estar basadas en hechos y verdades y que se sustentan en la opinión y el entretenimiento. En medio de este entramado se halla Donald Trump, rey y experto del reality televisivo. Finnegan explica cómo muchos norteamericanos viven en una burbuja informativa y solo escuchan, leen o ven en sus muros de Facebook «noticias» que coincidan con su forma de ver y comprender el mundo.

- La pérdida de apoyo y de bases electorales que ha sufrido el Partido Demócrata tanto al sur como al norte del país. La desindustrialización ha dejado sin trabajo a muchos trabajadores norteamericanos blancos de clase media-baja y el discurso del miedo y la rabia contra el inmigrante que promueve Trump se ajusta a su estado de ánimo. «Buscan a alguien que hable por ellos, un salvador», dice Finnegan. Y Donald Trump es su hombre.

Vídeo resumen de la conferencia

En este vídeo (9 minutos) hemos resumido las principales líneas de la conferencia que William Finnegan impartió en el CCCB.

Imagen de previsualización de YouTube

Vídeo de la conferencia completa

Tenéis también disponible el vídeo de la conferencia completa (1 h 30 min) en versión original (inglés) o con traducción simultánea al catalán. En este vídeo, además de la intervención completa del autor norteamericano, también podréis oír las preguntas del público y la presentación que el escritor Albert Forns hizo de William Finnegan. Aparte de periodista y escritor, Finnegan es surfista y ha ganado el premio Pulitzer 2016 a la mejor obra biográfica por un libro dedicado al surf.

Wikipedistas, apasionados del conocimiento

4 de octubre de 2016 No Comments
  • El 8 de octubre el CCCB celebra una wikimaratón de Wikidata para ordenar el contenido relacionado con Ramon Llull en la enciclopedia colaborativa
  • Con el reto «Making Africa» se han creado más de quinientos artículos sobre Cabo Verde

Álex Hinojo durante el taller “Todo sobre Wikipedia” en el CCCB (C) Miquel Taverna, 2012

Buscar un concepto en Google y terminar en la Wikipedia forma parte de la rutina de la mayoría de los internautas. La enciclopedia colaborativa es uno de los sitios web más consultados en el mundo según el ranking de tráfico web Alexa. El nombre de Wikipedia es una contracción de Wikiwiki, que significa «rápido» en hawaiano, y el sufijo encyclopedia. Su lema es «La enciclopedia libre que cualquiera puede editar» y, según palabras de su cofundador Jimmy Wales, el proyecto constituye «un esfuerzo por crear y distribuir una enciclopedia libre, de la más alta calidad posible, a cada persona del planeta, en su idioma». Miles de personas en todo el mundo editan sus contenidos. Son los wikipedistas y hacen posible que actualmente haya 291 ediciones de la Wikipedia activas. A raíz de las colaboraciones entre el Amical Wikimedia y el CCCB, entrevistamos a Àlex Hinojo, su director de proyectos, para conocer las motivaciones de estos apasionados del conocimiento.

Reto «Making Africa»: mejorar la presencia de Cabo Verde en la Wikipedia

Los participantes del reto «Making Africa» crearon más de quinientos artículos sobre Cabo Verde en la Wikipedia. Este concurso, que se realizó entre los días 5 y 25 de julio, tenía como objetivo aumentar lo máximo posible el número de artículos en catalán sobre este estado africano. Han sido una docena de voluntarios los que se han implicado en el proyecto. Gracias a ellos, ahora podemos descubrir con una sencilla búsqueda en la Wikipedia que el bistec de tortuga es el plato tradicional de estas islas o que el batuque es un género musical y de danza originario de Cabo Verde. El concurso también ha motivado a algunos voluntarios para ampliar artículos sobre Guinea Bissau y Marruecos.

África es un continente subrepresentado en la Wikipedia en general, así como en la Viquipèdia, su versión en catalán. Hay más artículos sobre la Antártida o territorios ficticios, como la Tierra Media o Discworld, que de los 53 países que integran el continente africano. Para Àlex Hinojo este tipo de actividades constituyen una chispa para animar a comunidades a participar en la Wikipedia, una chispa para dejar un «poso que funcione solo».

¿Es África un continente subrepresentado en todas las ediciones de la Wikipedia?

- En la Wikipedia en general, en todos los idiomas. Y no solo en la Wikipedia. Si vas a cualquier librería, encontrarás más contenidos sobre literatura anglosajona que sobre literatura africana.

«La Wikipedia es como el universo, siempre en movimiento, aunque nos parezca que permanece quieto»

 

Hay menos de mil artículos sobre África de producción propia geolocalizada en el continente. ¿Podríamos decir que la producción de entradas sobre el continente proviene de otros países?

- Esto está cambiando en los últimos años. Con iniciativas como el concurso de «Making Africa» que hemos hecho con vosotros y proyectos como WikiLovesAfricaWikiAfrica o incluso AfroCrowd, lo estamos solucionando. Además, puede que haya miles de artículos, pero que estos no estén geolocalizados. En la Wikipedia falta tanto trabajo por hacer y tanta gente haciendo cosas que nunca puedes hacer una «foto fija» bien definida. Es como el universo, siempre en movimiento, aunque nos parezca que permanece quieto.

Mapa Wikidata abril 2016

¿Por qué el concurso de Amical Wikimedia fue sobre Cabo Verde y no otro país?

- Por varios motivos. Queríamos mejorar artículos sobre el continente, pero no deseábamos hacer un concurso demasiado genérico y pensamos en ampliar todo lo que pudiéramos sobre un estado africano, ponerlo en el mapa. Y pensamos en Cabo Verde, el estado más occidental de África. Occidental geográficamente hablando. Es un archipiélago pequeño de islas que nunca dibujamos cuando pensamos en el mapa de África. Se podía hacer un paralelismo fácil entre «cosas que están fuera del mapa». También porque hay una comunidad de estudiosos caboverdianos en la Universidad de Barcelona, por lo que podíamos encontrar bibliografía en castellano/catalán y animar a la gente.

¿Cómo se han elaborado los artículos? ¿Son traducciones del inglés u otros idiomas en su mayoría?

- Hay de todo. Muchas entradas han sido traducciones del francés, portugués, inglés y/o castellano. Muchísimas más son de creación propia. Ahora mismo hay contenidos sobre Cabo Verde que solo están en catalán.

¿Hay administradores que trabajan verificando la información?

- En la Wikipedia todos vigilan a todos. Cualquier lector es un potencial editor. Cuando ves un error, lo enmiendas. Funcionamos con una de las bases del método científico: desconfía de todo. Por eso siempre hay que poner referencias, para validar la información que los voluntarios estamos añadiendo al proyecto. Otros voluntarios, de manera aleatoria, revisan los contenidos añadidos. Nos vigilamos entre todos. También hay un sistema de robots que detectan vandalismos y revierten este tipo de ediciones. La mejor forma de entender cómo funciona es editando. Busca un artículo que te guste, mira alguna frase que tenga un error ortográfico o información obsoleta, pulsa editar y arréglala. Es muy fácil colaborar en el proyecto.

¿Puedes hablarnos un poco de los wikipedistas? ¿Cuál es su motivación?

- Son apasionados del conocimiento. Y del pensamiento crítico. Si un sociólogo viene al CCCB, yo miro quién es en Internet. Si no encuentro su biografía en catalán, la traduzco de la Wikipedia en otro idioma. Así cuando la próxima persona busque el mismo nombre, se encontrará el artículo en catalán. Otros wikipedistas son más literatos y se dedican a corregir faltas de ortografía de terceros. También hay otros que lo hacen por activismo lingüístico, para mantener el catalán vivo en la red, o para que se conozca una historia o una biografía determinada.

Es como compartir los apuntes con una comunidad que sabes que –si haces algo mal– te lo arreglará y completará. Y además, que estará disponible para todo el mundo de forma gratuita. A todo el mundo le gusta o le molesta algo; en vez de hacer un tuit y quejarse, nosotros hacemos un artículo lo más completo posible, que intente reflejar todos los puntos de vista de la temática en cuestión. Los temas más polémicos suelen ser los más completos, por el equilibrio de fuerzas.

«Es un voluntariado digital que se puede hacer en casa, en pijama, y que tiene un impacto brutal para las libertades civiles, para nuestra lengua y nuestra sociedad en general»

¿Cómo animarías a la gente a participar de vuestras propuestas?

- Si les gusta el conocimiento, si son curiosos, y lo pasan en grande jugando al Trivial Pursuit, que editen la Wikipedia. Compartir el conocimiento es de las mejores cosas que podemos hacer. Es un voluntariado digital que se puede hacer en casa, en pijama, y que tiene un impacto brutal para las libertades civiles, para nuestra lengua y nuestra sociedad en general. Y necesitamos muchas manos para que la suma de todo el conocimiento humano esté al alcance de todos de manera gratuita y en nuestra lengua.

Del «ars combinatoria» a Wikidata

Exposición “La máquina de pensar. Ramon Llull y l’«ars combinatoria»” (C) CCCB

La relación entre Amical Wikimedia y las instituciones culturales es constante. A través de su proyecto GLAM (Galleries, Libraries, Archives and Museums), pretenden difundir el contenido generado en los museos, los archivos, las bibliotecas y las instituciones culturales de todo el mundo.

El CCCB este año también cooperará al ampliar la Wikidata. Como explica Àlex Hinojo en su artículo «Wikidata: la nueva Piedra de Rosetta» en el blog CCCB Lab, este proyecto está llamado a convertirse en el repositorio central de datos abiertos a nivel mundial. La exposición en curso «La máquina de pensar. Ramon Llull y el “ars combinatoria”», es un buen motivo para crear y ampliar las fichas relacionadas con toda la producción bibliográfica de Ramon Llull, con lo que mejora la base de datos estructurada que hay detrás de la Wikipedia. El 8 de octubre se celebrará la Wikimaratón de Wikidata sobre Ramon Llull cuyo objetivo es promover el legado del genio mallorquín.

Regresar al mundo (o por una nueva relación con la naturaleza)

31 de agosto de 2016 No Comments

Lo saben todos los púberes: tres cuartas partes del planeta son agua; por lo tanto son inhabitables para el hombre. Y sin embargo, nos sentimos dueños de todo. ¿Por qué? Porque entendemos la historia como un proceso civilizador ascendente, por el que el hombre —a través del control y la sofisticación de la técnica— ha acabado dominando también la naturaleza. Podríamos decir que la naturaleza ya solo es aquella parte del paisaje que aún nos falta por someter y poder fotografiar. Somos animales distanciados del mundo, lo hemos convertido en un objeto de nuestros pensamientos y acciones. Contamos con todo lo que tiene para mejorar nuestra vida.

El antropólogo Tim Ingold y el escritor Philip Hoare

El antropólogo Tim Ingold y el escritor Philip Hoare

El antropólogo Tim Ingold y el escritor Philip Hoare quieren revertir este distanciamiento respecto al mundo y cambiar nuestra forma de relacionarnos con él. Tim Ingold, referente de la antropología ecológica, replantea la actitud que tenemos con la naturaleza. Vivimos pensando en que lo importante es el dominio que nosotros tenemos sobre ella, y que la naturaleza se acaba manifestando en los ecosistemas artificiales que le hacemos a medida. Ingold defiende que es a la inversa; que cuando los hombres nos relacionamos con la naturaleza, es ella la que siempre nos marca sus leyes —y nosotros no podemos hacer más que ir adaptándonos a ellas. Cuando nos relacionamos con el mundo, aunque lo hacemos siempre absolutamente armados de técnica, estamos siempre en la intemperie. Cualquier refugio es una ficción. Y por eso tendremos que adoptar —dice él— una actitud menos prepotente, más respetuosa.

Philip Hoare es el autor de obras como Leviatán o la ballena o El mar interior, una mezcla de dietarios de viajes, historias culturales, y exploraciones geográficas y etnográficas. En El mar interior, el británico sale de su ciudad, Southampton, y pasa por las islas Azores, por Sri Lanka, Tasmania y Nueva Zelanda; recorre medio mundo atravesando mares, visitando pueblos que consideran el mar un hábitat menos inhóspito que la mayoría de mortales. Hoare se propone dibujar un mapa de los mares con la intención de poderlos conocer bien, de humanizarlos como la tierra que habitamos. Nos acerca a los mares con referentes culturales —viajes marítimos de autores, referencias que aparecen en obras de renombre— apelando a la comunidad lectora, una de las pocas comunidades transnacionales existentes. Y destaca especialmente su ambivalencia: el mar, que conecta mundos y los separa, que es una ubre permanente de recursos y un pozo de misterios que nos supera. Que es, a la vez, dice refiriéndose a los 220.000 migrantes que el año pasado se hicieron al mar para llegar a Europa, un espacio para el terror y la esperanza.

La relación del hombre con el mundo, que Philip Hoare trabaja de forma más creativa y Tim Ingold más conceptual, ocupa a los filósofos desde finales del siglo XIX. ¿Es posible tener una mirada no dominadora sobre la naturaleza? ¿Habitar el mundo menos depredadoramente? Sostiene Heidegger que la técnica moderna tiene una lógica propia que convierte en objeto todo aquello con lo que nos relacionamos. La técnica nos expulsa del mundo natural y se impone como paradigma totalizador del conjunto de relaciones, convirtiéndolo todo (hombres y mujeres incluidas) en recursos. Exploraremos los mares, nos acercaremos con ojos nuevos a sus criaturas, cambiaremos la actitud respecto a la naturaleza, pero mientras domine la técnica moderna, no podremos habitar el mundo de manera diferente. Lo habitamos como no formáramos parte del mismo. ¿Es posible, como sostienen Hoare e Ingold, entrar en él de nuevo? ¿Que el mar deje de ser un recurso continuo? ¿Una frontera respecto a las sociedades menos tecnificadas? ¿Un espacio político de terror y esperanza? ¿Que el hombre se vuelva a sentir parte de él, aceptando todo lo que la naturaleza tiene de imprevisto sin quererla someter?

En el ciclo de debates «Habitar el mundo» hablaremos con Tim Ingold, catedrático de antropología social en el Departamento de Antropología de la Universidad de Aberdeen. Y con Philip Hoare, escritor e historiador de la cultura.

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