¡El CCCB de gira!

5 de junio de 2015 No Comments

El CCCB es básicamente un productor de contenidos, de conocimiento. Crear una red de interlocutores reconocidos y de prestigio, innovadores, no solamente permite expandir este relato, sino que lo avala y le da solidez. Consolida los proyectos en el panorama cultural nacional e internacional presentándolos a otras audiencias.

Big Bang Data. CCCB © Gunnar Knechtel Photography, 2014

Big Bang Data. CCCB © Gunnar Knechtel Photography, 2014

Crear una red de trabajo con otras instituciones, además, nos permite avanzar en la reflexión sobre las formas de crear, producir y distribuir este conocimiento. Las itinerancias nos permiten hacerlo, alargando en el tiempo la vida de los proyectos y haciéndolos evolucionar a su paso por las distintas sedes colaboradoras: implicando a nuevos expertos, nuevas comunidades, y buscando nuevas formalizaciones. En definitiva, permite que los proyectos se enriquezcan y evolucionen.

Pero trabajar en colaboración con otras instituciones, presentar los proyectos fuera del CCCB, sobre todo posibilita experimentar con nuevas audiencias, nuevas comunidades físicas y virtuales. Una exposición como Big Bang Data, por ejemplo, que fue un éxito de público en Barcelona con más de 60.000 visitantes, ha doblado su público después de pasar por el Espacio Telefónica de Madrid. Pasolini Roma, que fue vista en el CCCB por 42.000 personas, ha acabado por reunir a más de 150.000 a lo largo de la itinerancia internacional. Archivo Bolaño (que está a punto de cerrar puertas en La Casa del Lector de Madrid) habrá sido vista por cerca de 100.000 personas después de su paso por Barcelona, Buenos Aires y Madrid.

Una prueba de la centralidad de los temas abordados por el CCCB y de la normalización de este nuevo modelo de trabajo en colaboración es que las itinerancias han crecido de forma exponencial. Solamente en los dos próximos meses de verano (junio y julio de 2015) se presentarán ocho propuestas fuera del CCCB:

Seis exposiciones que viajarán por todo el mundo y difundirán el nombre del CCCB, dando a conocer no solamente la programación expositiva, sino también las propias actividades del centro.

Para saber más de esta programación fuera del CCCB: http://www.cccb.org/ca/cccb-tambe-a.

Carlota Broggi es Responsable de itinerancias en el departamento de exposiciones del CCCB.

La vivienda es el tema

3 de junio de 2015 No Comments

Debemos admitirlo; hay un elefante en la habitación. No podemos tardar más en repensar la cuestión de la vivienda. En ella residen las causas de buena parte de nuestros males. En las últimas décadas, las ciudades han estado haciendo grandes esfuerzos para embellecer su espacio público pero han dejado el espacio doméstico en manos del mercado. Si algo nos ha enseñado la crisis inmobiliaria y financiera, es que la vivienda es demasiado importante como para cederla en exclusiva a expertos, a representantes o a intermediarios. Tanto como la calle, la casa es una cuestión colectiva. Este es el punto de partida de la exposición «Piso Piloto», que podrá visitarse simultáneamente en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y en el Museo de Antioquia de Medellín.

Cuando las ciudades desatienden el derecho a la vivienda, son menos justas y sostenibles. La falta de acceso a un hogar adecuado y bien emplazado no solo afecta a los más desfavorecidos; perjudica al conjunto de la sociedad. La distancia entre el domicilio y el trabajo conlleva costes colectivos en materia energética, ecológica, de infraestructuras o de productividad. La vivienda es la base de derechos tan fundamentales como el voto, la sanidad o la educación. Es uno de los principales motores de la economía y supone el mayor gasto de las familias a lo largo de su vida. Los países donde los jóvenes tienen más dificultades para emanciparse son menos innovadores. La mala gestión de la vivienda incide en la salud, en la natalidad o en la indiferencia que padecen nuestras democracias. Amenaza, en definitiva, a la convivencia y la supervivencia de lo urbano.

La buena noticia es que la vivienda ofrece muchas oportunidades para afrontar los retos económicos, ecológicos y políticos que nos plantea el futuro inmediato. Es necesario abordarla desde una lógica transversal y colectiva que le de valor como herramienta de democratización de la ciudad. «Piso Piloto» muestra soluciones habitacionales muy diversas, incluso contrapuestas, procedentes de la investigación académica, de la Administración Pública o de la sociedad civil. Su aplicación todavía no es hegemónica, pero tienen el valor de haber sido puestas en práctica y de probar su viabilidad. En definitiva, demuestran que una ciudad más acogedora es posible. Y que no solo es posible, sino que ya está aquí.

David Bravo es arquitecto y uno de los comisarios de «Piso Piloto» (del 3 de junio al 25 de octubre de 2015)

Dos días para la innovación cultural

2 de junio de 2015 1 Comment

El 10 de junio sabremos quién ha ganado el Premio Internacional a la Innovación Cultural, convocado por el CCCBLab para buscar respuestas a la pregunta «Cómo es el público de las instituciones culturales». A la convocatoria se presentaron más de 150 proyectos de 25 países, con todo tipo de propuestas que ofrecen un interesante análisis del estado de la cuestión.

El tema era lo bastante amplio como para que los participantes ofrecieran un extenso abanico de soluciones, que pasan en algunos casos por proyectos de carácter artístico y en otros por una transformación del modelo curatorial u organizativo de las instituciones culturales. De todos ellos se seleccionaron diez que proponen distintas alternativas en respuesta a la pregunta del concurso.

Por ejemplo, Art Meal (Países Bajos) utiliza la experiencia de ir a un restaurante como metáfora para crear un formato de exposición innovador. La propuesta CCC Tv Tú (España) traslada el museo a la calle mediante pantallas dispuestas en varios espacios de la ciudad y sale a buscar a su público, un planteamiento similar a la que hace In-Visible (Italia), que crea un juego de cubos con códigos QR con los que las vivencias del público viajan por la ciudad, y que también halla puntos en común con Beep Beep (Argentina), que pretende acercar el mundo rural al mundo urbano por medio de intervenciones en sitios como cajeros automáticos. Cultime (Países Bajos/España) consiste en un banco de tiempo y una red social a través de la cual los participantes comparten tiempo y experiencias culturales, semejante a la idea sugerida en Píndoles culturals (España), que también recurre a las nuevas tecnologías (en este caso, una app) para que los visitantes de un centro cultural puedan ampliar los contenidos expositivos después de la visita.

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BCNmp7: Metalúrgias

30 de mayo de 2015 No Comments

El futuro del cliché

Mery Cuesta

El metal es un género musical fuertemente estereotipado. Alrededor de él se han establecido una serie de imaginarios bien definidos que actúan como emblemas de orgullo pero también como estigmas. Estas señas de identidad fijas y reconocibles se construyen, primero de todo, sobre el concepto de oscuridad: el color negro predomina en la cultura del metal ponderando el espíritu a la contra, esto es, la simpatía hacia el otro lado de la luz. Sobre este sombrío telón de fondo, desfilan las inevitables tachuelas de metal (tililantes como minúsculas estrellas), el áspero apresto del cuero, elementos pop como chapas o cruces invertidas, las largas cabelleras, y la sempiterna calavera, que con su aliento metafísico se erige históricamente como el símbolo subcultural por excelencia. Para acabar, perfúmese este amasijo de un intenso olor a cerrado y a testosterona.

Este compendio es en sí mismo, según el imaginario popular, un jevi o un metalero. Una prueba del algodón que demuestra la fuerte estereotipación asociada al género y a sus acólitos reside en la misma existencia de la parodia dentro del mainstream: desde la película This is Spinal Tap, hasta la madrileñísima Isi Disi, o aquel anuncio de 2007 de la ONCE de los jevis en la playa (“el premio más heavy de la ONCE”, decía el slogan), demuestran que la señas de identidad del heavy y el metal – indistinguibles para la generalidad de la esfera social- están fuertemente adheridas al inconsciente popular, pues es capaz de descodificarlas y, en consecuencia, reírse de ellas.
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Se busca detective sin nombre

29 de abril de 2015 No Comments

O por qué hay que leer a Eduardo Mendoza cada verano (y venir a escucharlo al Primera Persona)

Es el as de los detectives arruinados, medalla de latón de las existencias insolventes, plusmarquista olímpico de la precariedad (triple salto mortal en las Picornell, la piscina vacía y la ciudad al fondo). Pero cuando quieran dedicarle una calle en Barcelona, tendremos un problema. Porque entre las muchas cosas de las que carece este personaje la primera que no tiene es un nombre.

He aquí algunas hipótesis por las que Eduardo Mendoza podría haberle ahorrado un bautizo al detective de sus cuatro novelas más guasonas: a) No quería que le dedicaran una calle (hizo eso tan raro que es escribir para divertirse, que es la única forma de acabar divirtiendo al lector); b) Pretendía subrayar sus carencias así que lo dejó anónimo: por no tener, que no tuviera ni nombre; c) Quería que cada lector se identificara con él; d) Prefería que fuera el lector quien se lo pusiera; e) Barajó la posibilidad de llamarlo Millet o Maragall, pero al final lo descartó.

Así que al que es, con permiso de Plinio (no el pelota del emperador Trajano, sino el policía de Tomelloso creado por García Pavón), el Mejor Detective Español del Siglo XX se le conoce como “el detective sin nombre”, “el detective manicomial”, “el detective loco”, “el detective amante de la Pepsi-cola”, “el detective de Mendoza” y, permítannos, “el detective favorito de los organizadores de un festival llamado Primera Persona”.

Este detective, como la España de 1978 donde vivió sus primeras cuitas, suele ATRAVESAR problemas morrocotudos. Y quizás él, que ignora la pompa pero que habla con un estilo resabiado, que exhibe una labia con todos los quilates que no atesora en su cartera, no habría elegido el verbo atravesar, porque, como sucede en 2015, “nada hace prever que vayamos a salir por el otro lado”.

Las historias del detective de Mendoza deben leerse en la calle, en el metro, en la playa, en terrazas públicas, en convenciones de telefonía móvil e incluso en auditorios silenciosos para reír impúdicamente y demostrarle al mundo que esto de leer puede ser la monda. Que la euforia que generan sus laberínticas gestas se parece mucho al estado de excitación en el que caería uno después de echarse al coleto los 35 botellines de Pepsi que el detective suele trasegar en cada una de sus aventuras burbujeantes. Para vivirlas, la policía lo saca de la clínica mental, su residencia habitual, quizás porque sabe que solo un loco puede encontrar los móviles lógicos de la realidad (mucho más demente y absurda que la más disparatada de las ficciones).

Que el azar es el único motor de toda historia lo saben los agentes de bolsa, los Hombres del Tiempo, las abuelas del Bingo, los adictos a echar la Primitiva y los buenos novelistas, esos que son conscientes de que la anécdota es la sal de la narración (y que a veces es tronchante y da suerte volcar todo el salero). Bien, pues ya puede entrar en escena una casualidad: este verano estaba volviendo a leer (odio el verbo releer y no lo usaré aunque se resienta la sintaxis: solo dicen que releen los que en realidad no leen jamás) sus aventuras. Leía al fresco en el corral de una aldea zamorana, rodeado de cortinos, orquestas de verbena, bocinazos francachélicos de coches rumbo a la diversión. Decidí entonces enviarle a Kiko Amat un mensaje con un párrafo la mar de hilarante de El laberinto de las aceitunas. Me contestó con otro de El misterio de la cripta embrujada. Los dos habíamos decidido, sin hablarlo antes, volver a Mendoza el pasado verano (decíamos que a Mendoza, como a la aldea y a la cola del INEM, siempre se vuelve). Así que nos prometimos intentar que sus zapatos pisaran el Primera Persona.

Su detective sale de los bajos fondos, duerme en un manicomio y regenta una peluquería (escribió Simenon que su detective Maigret debería ser peluquero, porque son los que conocen mejor el alma humana). Ríe y patalea en el fango y es un poco como esas orquídeas que crecen en lodazales. Es pobre, majara y desgraciado como su tío yanqui, el detective en Babilonia de Richard Brautigan. No llegaron a conocerse, ya que éste solo visitó nuestro país durante la Guerra Civil. ¿El Souvenir? Dos balas alojadas en el pompis que lo libraron de la Segunda Guerra Mundial. El detective de Brautigan no tiene ni para comprar una pistola, pero quizás por eso, y como hacemos con el de Mendoza, regalamos y recomendamos sus libros como si nuestro nombre fuera Mr. Smith y fuéramos puerta a puerta intentando endilgar el maravilloso libro de los mormones. En parte lo hacemos por si algún día a esos detectives les alcanza la calderilla de los derechos de autor para comprarse una pistola y se pueden cargar a todos los mandarines de la literatura aburrida.

No nos importa mucho que Mendoza gane Premios Planeta ni que la gente ensaye hincados, genuflexiones y prosternaciones cada vez que se mentan sus obras más aplaudidas. Lo importante es que Mendoza escribía como le daba la santa gana y lo hacía con tal talento, frescor y brillo que cada año genera nuevos lectores (y vocaciones, en mi caso) en los coles e institutos. Todos querríamos saber el nombre del detective sin nombre y todos querríamos tomarnos una Pepsi con Mendoza (la beberíamos con tragos muy cortos para escucharlo más rato).

Escribía Raymond Chandler sobre los detectives privados, que en realidad son como los buenos escritores, lo siguiente: “Si hubiera bastantes hombres como ellos, creo que el mundo sería un lugar muy seguro en el que vivir, y sin embargo no demasiado aburrido como para que no valiera la pena habitar en él”. Lo mismo pienso no solo del detective de Mendoza, sino de Mendoza. Aquí algún insensato acabaría con un felicísimo cliché: “Si Mendoza no existiera, ¡habría que inventarlo!” (aplausos, en la cara del ocurrente). Ya, amigo, pero es que solo alguien tendría la capacidad fabuladora y el ingenio para inventar a Eduardo Mendoza. Y ese tipo es Eduardo Mendoza. Así que menos mal. Menos mal que existe Eduardo Mendoza. Si un día desapareciera, habría que llamar al detective sin nombre para que lo buscara. Y a ver cómo lo encontrábamos, porque no sabríamos por qué letra buscar en las Páginas Amarillas.

Eduardo Mendoza conversará con José Luis Cuerda viernes, 8 de mayo dentro del festival Primera Persona.