Entradas con la etiqueta ‘CentreDoc’

Zygmunt Bauman: «Hay que inventar nuevas formas de educar, más allá de las instituciones establecidas»

19 de marzo de 2013 2 Comments

El sociólogo y Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman clausuró el debate “En común” con una concurrida conferencia sobre cómo ha cambiado el modelo de aprendizaje y educativo. El CCCB se quedó pequeño para recibir al pensador polonés: 700 personas le siguieron desde el hall y el auditorio y más de 1000 vieron la conferencia por Internet. Con 88 años, podemos decir que Bauman tiene fans (¡de todas las edades!) y que sus palabras cruzan fronteras. Uno de los tuits de CCCB con una de las citas de Bauman (“En una sociedad adicta a la información, la habilidad clave es protegerse del 99,99% de la información, que es irrelevante”) fue retuiteado 169 veces en pocas horas.

“Estáis condenados… a vivir una época muy interesante”. Con estas palabras, dirigidas a las generaciones más jóvenes, Bauman cerró su intervención en el CCCB. El sociólogo insistió que los jóvenes se incorporan a un mundo adulto donde imperan la precariedad y la inseguridad, con pocas oportunidades para acumular la experiencia necesaria para enfrentarse al futuro.

La educación

Según Bauman, se ha perdido el vínculo que existía entre maestros y aprendices. Vivimos un momento en el que el aprendizaje es continuo y constante y la acumulación de conocimiento ya no tiene sentido. Bauman argumenta que ningún cerebro humano es capaz de retener el conocimiento disponible y que es muy difícil saber distinguir la información útil de la completamente irrelevante.

¿Cuál debe ser el papel de las instituciones educativas en un contexto así? Bauman responde que escuelas y universidades tienen que reinventarse y crear nuevas formas de enseñanza.

En esta entrevista, podéis escuchar algunas de las reflexiones de Bauman sobre la educación y la precariedad juvenil.

También podéis ver la conferencia completa de Zygmunt Bauman en el CCCB.

Todas las conferencias y entrevistas del ciclo de debates “En común” ya están disponibles en la web del CCCB y en el canal de Vimeo “CCCB DEBATS”.

Josep Ramoneda: «La libertad es siempre una tensión entre lo individual y lo colectivo»

7 de marzo de 2013 No Comments

Para el filósofo Josep Ramoneda, la idea más potente de la libertad la expresó Kant, quien la definía como la capacidad de ser autónomo, de pensar y decidir por uno mismo. Pero, si bien la libertad es un valor fundamental que da sentido a la especie humana, Ramoneda advierte que no es plenamente alcanzable, sino que tiene contradicciones y puede conducir al abuso de poder. «Si somos libres, lo somos tanto para hacer el bien como para hacer el mal», destacó en su ponencia en el debate “En común” en el CCCB, una clase magistral sobre cómo diferentes pensadores han entendido la libertad a lo largo de la historia.

En esta entrevista podemos escuchar algunas de las ideas que expresó Ramoneda durante la conferencia sobre las tensiones que genera el ejercicio de la libertad. ¿Hasta qué punto somo autónomos? ¿Son compatibles la igualdad y la libertad? ¿Podemos ejercer la libertad plena dentro de un colectivo?

Hablar de libertad y no hacer referencia a la crisis económica y de valores es inevitable y tanto el público asistente al debate como nosotros en esta entrevista quisimos saber qué respuestas da Josep Ramoneda al descrédito de la política y de los medios, al desengaño que vive la población con la democracia. Así, el ex director del CCCB señaló que tenemos que perder el miedo y crear espacios comunes de responsabilidad compartida para hacer frente a las injusticias sociales.  «El objetivo de lo común tiene que ser recuperar la multidimensionalidad del ser humano».  Hay que huir del homo economicus (centrado en el beneficio y el interés individual) al que nos ha llevado el modelo de gobernabilidad actual, explica Ramoneda.

La agrariedad, según Perejaume

1 de marzo de 2013 No Comments

¿Com fer-nos món? ¿Com fer-nos més món? / ¿Com inserir-nos, com infantar-nos de bell nou / en el món per fer majestat de cada imatge, / per ser únicament món, prodigiosament món, / indiscriminadament món? / ¿I on és, religions al marge, la força que fa adorar?

(Perejaume, Pagèsiques, p. 63)

¿Qué distancia separa nuestros gestos de las cosas que nos rodean? ¿Participamos activamente en su creación o sólo las consumimos? ¿Y qué conexiones tenemos con el mundo que habitamos? Por muchos de nosotros, ha quedado casi olvidado el tiempo en el que el golpe, el roce, el trazo, la incisión eran las formas esenciales de relación con el entorno, una materialidad que había que dominar a menudo, con esfuerzo e insistencia, con el propio cuerpo. Así, por ejemplo, los pies y las manos han dejado de servir, definitivamente, para medir las distancias. Y, como recordaba Perejaume en el programa de TV3 Amb filosofia, la mayoría de nosotros vivimos en ciudades de las que no sabríamos (no podríamos) salir andando.

Drecera al bosc, 1905. MNAC

En nuestro papel de espectadores, consumidores, viajeros de superficie, tenemos a menudo una relación epidérmica con el mundo. Eso no significa, sin embargo, que sea una relación innocua o que no tenga consecuencias: aunque el vínculo entre nuestras acciones y sus resultados se desdibuja, nuestra responsabilidad se mantiene intacta. Pero este “vínculo débil” con los objetos, la tierra, el trabajo o el propio cuerpo nos hace sentir quizá visitantes más que habitantes del mundo que compartimos y con el que establecemos relaciones que no siempre contribuyen activamente a recrear y repensar nuestras condiciones de existencia para mejorarlas.

Como dice Perejaume en la introducción de Pagèsiques, “la potencia de sembrar y cultivar no es de naturaleza exclusivamente vegetal”. Quizá se puede trasladar la metáfora del cultivo, con todo lo que implica hacer germinar (el respeto por el ritmo inalterable de algunos procesos, la preparación y la espera, el cuidado), a los nuevos espacios que habitamos lejos de la naturaleza y de la tierra. Sin estar impregnada de la nostalgia por un pasado rural idealizado, la agrariedad podría convertirse en una alegoría del cuidado de los lugares que habitamos “en común”. En palabras de Perejaume:

“La agrariedad. Entendida, esta agrariedad, como cultivo de cualquier tipo de cosa. Del espacio antes que nada, cualquier espacio, en la medida en que no tenemos que pensar únicamente en encontrar un buen sitio sino en contribuir a que lo sea”.

Para saber más de lo que Perejaume entiende por “Agrariedad”, puedes acercarte al CCCB para escucharlo el próximo miércoles, 6 de marzo, en el marco del ciclo “En común”. Lo presentará su amigo Jacint Torrents, antropólogo experto en el mundo rural. Imperdible.

La libertad según Josep Ramoneda

28 de febrero de 2013 No Comments

Seguramente, la combinación de libertad y comunidad es una de las ecuaciones más difíciles de resolver. Cualquiera que haya asistido a la reunión de una comunidad de vecinos, o haya pasado un rato de juego en un parque infantil, habrá comprobado que el aprendizaje de los límites que se imponen a la propia libertad dura toda la vida, y es, sin duda, una píldora dura de tragar. No en vano, la discusión sobre dónde empieza nuestra libertad y acaba la de los demás ha sido objeto de largas e intricadas controversias filosóficas. ¿Cuándo deben estar las decisiones de la comunidad por encima de las decisiones individuales? ¿Son compatibles la igualdad y la libertad? ¿Somos plenamente responsables de nuestros actos? ¿Qué tipo de comunidad puede permitir al mismo tiempo el ejercicio de la libertad y la corresponsabilidad en el mantenimiento y la creación de los espacios y los bienes comunes? ¿Puede llegar a ser emancipadora la interdependencia?

“Auf freier Höhe”, Carl Spitzweg

Mientras que el neoliberalismo ha hecho de la libertad económica la clave de arco de su propuesta de sociedad, el socialismo y otras formulaciones de la izquierda han renunciado a menudo a la libertad individual en nombre de un proyecto social basado en la igualdad para el filósofo Josep Ramoneda, este ha sido “el pecado original de la izquierda”: tener miedo de la libertad pensando que comporta, inevitablemente, una mayor desigualdad social. En su último libro, La izquierda necesaria, Ramoneda reflexiona precisamente sobre el conflicto entre libertad e igualdad, y reivindica que la izquierda ha de recuperar el ideal de la libertad. Para eso, debe ser capaz de “descolonizar” la idea de libertad de los términos económicos en los que se plantea en nuestras sociedades de mercado, y de trabajar para que cada uno pueda disponer de las condiciones para pensar y decidir por sí mismo. El bienestar, recuerda Ramoneda, no es sólo una cuestión de rentas, sino sobre todo la ampliación de las posibilidades de realización y reconocimiento de cada uno de nosotros.

Para intentar dar algunas respuestas a los problemas que se plantean hoy al ejercicio de la libertad, Josep Ramoneda visitará el CCCB el próximo lunes 4 de marzo, a las 19:30 h. Este es un pequeño adelanto de los argumentos que planteará en su conferencia:

“Montesquieu decía que la razón y la libertad son dos rarezas que hacen al hombre diferente del resto del Universo, y Voltaire, que ser libre es “querer caminar y no tener gota”. ¿Hasta qué unto somos autores de nuestras propias vidas? ¿Tiene sentido hablar de libre albedrío? ¿Existe una libertad sustancial más llá de la resistencia al abuso de poder? ¿Puede haber reconocimiento del otro sin libertad? ¿Es la libertad condición necesaria para que el hombre sea tratado como un fin en sí mismo y nunca como un medio?”

Ramoneda intervendrá en el marco del ciclo “En común”, en el que ya han participado Ulrich Beck, Lydia CachoPeter Burke, Ramón Andrés, Xavier Antich, Joan Margarit, Joan Nogué y Marina Garcés. Entre todos, han ido perfilando algunos de los rasgos de la vida “en común” a la que estamos inevitable y felizmente abocados. Puedes escuchar sus conferencias y las pequeñas entrevistas que les hemos ido haciendo a todos ellos aquí.

Calígula también tenía autoestima. Josep M. Ruiz Simon en Breus CCCB

28 de febrero de 2013 No Comments

¿Cuándo y cómo se convirtió en una virtud la autoestima? ¿A qué intereses ideológicos responde esta supuesta virtud, recientemente acuñada? Encontraréis la respuesta a estas preguntas en L’ètica de l’autoestima i el nou esperit del capitalisme, la última publicación aparecida en la colección Breus, basada en la conferencia (ver vídeo aquí) pronunciada por Josep Maria Ruiz Simon en el marco del ciclo Virtuts ahora hará un año.

Estamos acostumbrados a pensar las virtudes como valores abstractos, universales y eternos, que acompañan y acompañarán al ser humano como un espejo ético y espiritual. ¿Quién osa poner en duda ideales tan arraigados en nuestra civilización como la sabiduría, la justicia, el coraje, la honestidad, la paciencia, la fortaleza o la moderación, todos ellos presentes en el ciclo Virtudes? Ciertamente, la autoestima no forma parte de este elenco venerable de cualidades morales encaminadas a una vida buena, bella y justa. Como explica Ruiz Simon, la actual consideración de la autoestima como una virtud tiene origen en el pensamiento utilitarista de autores como Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, que descuidaron la idea aristotélica de que “las virtudes eran hábitos en sí mismos honorables”… independientemente de la felicidad que pudiesen dar a sus posesores. El carácter desinteresado que era la esencia de la virtud pasó a segundo plano en favor de un nuevo tipo de “contabilidad moral”: en Franklin la virtud es aquello que trae la felicidad entendida como éxito (por ejemplo, la prosperidad económica o el cielo).

La asociación creciente entre virtud, felicidad y éxito personal se constituyó en  una “ética precapitalista” indisociable del desarrollo de un capitalismo que se ha ido vaciando de contenido mientras consagra la eficacia, el liderazgo, la flexibilidad, la competitividad y la adaptabilidad. Estos nuevos valores con tufo empresarial, subsumidos en el valor supremo de la autoestima, se han esparcido en las últimas décadas al amparo del programa neoliberal y de derivados suyos como el pensamiento positivo y la industria de la autoayuda, que se han instalado en las estanterías de los supermercados, en los canales de televisión, en la política (el Tea Party és un claro exponente) y hasta la academia. Especialmente en los Estados Unidos, estas instancias han empleado un discurso ideológico según el cual sólo virtudes como la autoestima garantizan el progreso del individuo a través de la “selección natural de la economía”, que condena a la extinción a todos aquellos que contradicen sus exigencias. Es significativo que esta selección natural sui generis inculque la importancia de la autoestima a los individuos mientras los fuerza a humillarse y sacrificarse si quieren sobrevivir en medio de fenómenos como la precarización, la desregulación, la exclusión social o la célebre “privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas”. El argumento es el siguiente; la falta de autoestima es la raíz del problema: la culpa no es del Estado, ni de la economía, ni de la empresa, ni de las instituciones, sino del individuo, que se ha quedado corto en su afán de superación y de optimismo. Así pues, la ética de la autoestima carga sobre el individuo una responsabilidad excesiva al paso que libera de responsabilidad social a los actores económicos y políticos. Recordemos a modo de ejemplo la divisa de Ronald Reagan: “En la presente crisis, el gobierno no es la solución a nuestros problemas; el gobierno es el problema”.

Paradójicamente, lejos de fomentar el amor propio la autoestima deviene una trampa, exigiendo la renuncia a la dignidad y a derechos sociales básicos, que es lo que a menudo implican eufemismos de la jerga empresarial como los arriba citados: eficacia, liderazgo, flexibilidad, competitividad y adaptabilidad. Esto de la autoestima está parece fantástico desde el punto de vista de los depredadores privilegiados de la especie que han conseguido imponer su ley en el proceso de selección natural de la economía neoliberal y contemplan el panorama desde la asepsia de sus despachos. Calígula y Jack el Destripador también tenían autoestima, observa Ruiz Simon. También la tenían, podríamos añadir, Bernard Madoff y otros “triunfadores” de las altas finanzas. Pero el resto de nosotros “haríamos bien en buscarnos otras virtudes”.

Lucas Villavecchia

«...1112131415...»