Trasgresiones jazzísticas

30 de noviembre de 2009 Los comentarios están cerrados.

Crónica de la jam session WHAT THE FUCK JAMBOREE

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El leitmotiv de una jam session es la improvisación. Y la improvisación no tiene límites ni formales ni estéticos. El día de la Mercè, con el ambiente habitual de los jueves por la noche en la Jazz Cava del CCCB, el espíritu What The Fuck, tal y como se llaman las jams sessions del Jamboree, poseía el espacio y a todos cuantos estábamos allí para ofrecernos una lección inédita de trasgresión. Tal y como ocurre cada lunes en uno de los clubes más emblemáticos de la ciudad, el Jamboree de la Plaça Reial, el padre de las WTF, Aurelio Santos, iniciaba la sesión a su manera. Aurelio es una de las personas de la ciudad que encabeza el movimiento en defensa de la música en directo. Alguien que cree en la música y en los músicos. Un activista musical que convierte cualquier sesión en un verdadero diálogo entre cuantos participan en la misma.

Tras alertarnos de la posibilidad “única” de ver una exposición sobre el jazz como la que tenemos en estos momentos en Barcelona, y anunciar algunas de las sorpresas que algunos consideraban casi amenazas sonoras, Aurelio dio paso a “uno de los elementos que le cambió la vida”, el saxofonista Llibert Fortuny, “uno de los músicos más originales, que más estudia y a quien más quiere”. Con una fuerte ovación, Llibert Fortuny entraba en el escenario acompañado de dos músicos de peso: DJ Foster al contrabajo y Ramón Ángel Rey a la batería.

Un trío que inició la sesión con algunos estándares para ir entrando en calor y que sirvieron para que el público conociera la fantástica capacidad comunicativa de Llibert Fortuny. “Una jam es como si ahora cantamos el Sol solet… a ver: ¡todos juntos!” “Sol solet, vine’m a veure, vine’m a veure….” Todo el público cantaba, “es el vocabulario con el que los músicos nos entendemos, aquí, en Tokio o en Nueva York… Partimos de una base común y después cada uno hace los solos”. Aurelio, con el micro entre las manos, moviéndose entre el público, ejercía el poder con el que contó durante toda la noche: “dinamizar o dinamitar” la sesión, entrando en diálogo con el público y los músicos. Soltaba una especie de ronquidos que parecían proceder del más allá y a los que la gente respondía riendo. La didáctica estaba muy bien, ¡pero ya era hora de seguir con la música!

La ortodoxia de los primeros temas parecía que nos había hecho entrar tranquilamente en un territorio que de repente se hizo inestable. “De jazz ya hablaremos después”, advertía Aurelio al principio. Hay muchos tipos de jams, algunas más abiertas estilísticamente y otras más cerradas, pero los personajes que aquel día se encontraban en la cava y que rondaban normalmente las revolucionarias jams del WTF nos dieron pistas de por dónde podía ir aquella sesión…

Cada músico tiene un gesto. El guitarrista oficial de las WTF, Raúl del Moral, imitaba a Llibert desde una esquina del escenario. Un balanceo constante que se convirtió en insistencia, reiteración de unas notas que nos llevaban a alguna parte. De repente nos sentimos en medio de un ritmo funk. El jazz también es mezcla, ¿verdad? Al principio nos habíamos fundido con el blues “Wheather changes”, ¡después dependía de quien prosiguiera la jam!

El protocolo se rompió del todo. Voro Garcia, un trompetista valenciano que hace dos semanas que reside en la ciudad, y Raynald Colom, uno de los primeros músicos que en 2001 inició las WTF del Jamboree, invadieron el escenario. Sin embargo, antes Aurelio nos había hecho entonar el Cumpleaños feliz. “Lo dice el Facebook. ¡Ray cumple años!” Y después de tan flamante participación del público, Pascual Morente tomó la banqueta del piano y Paco Perera el bajo eléctrico. Otra ronda de la jam estaba servida.

“Yo vi a Dizzy Gillespie en Barcelona”, oí que decía un señor a algunos músicos que bajaban del escenario, “y os felicito, ¡me gusta mucho lo que hacéis! ¡¡¡Adelante!!!” Mientras tanto, la voz de Aurelio no paraba de reclamar fuertes aplausos para presentar a nuevos pesos pesados: Enrique Oliver al saxo, y un krooner: Miguel Zamora. En un pequeño momento de intimidad, los recién reunidos decidieron qué tema interpretar. Empezaron con “How deep is the Ocean?”, que Fortuny tradujo ―como ha hecho con todos los temas― a su manera: “Una vez que fui a…” Si la música es interpretable, ¿por qué no deberían serlo las palabras?

Hacía un buen rato que el latido incipiente de la electrónica sobrevolaba la sesión y, por fin, Pablo Schavarzman, manipulando el sonido con su KAOSS PAD, junto con el hipnótico BEATBOX de Aurelio Santos (tal y como se denomina esta forma de hacer percusión con la voz) ya no dejaron el escenario hasta el final. Acompañando la deriva: Martin Laportilla al bajo eléctrico, Franco al piano y Fortuny de nuevo al saxo, filtrado por pedales. Podría ser dance, hip hop, funk… En el último asalto los límites dejaron de existir. La jam había realizado su triple salto mortal, había dado paso a la experimentación de cada músico y a la confección colectiva del patchwork final ante el público que también formaba parte del mismo. Simonel Bié, cantante de Mozambique, saltó ―literalmente― al escenario y nos hizo volver por momentos desde lo más nuevo hasta los orígenes. Música étnica, electrónica, rap, reggae… ¡Qué cerca quedaba aquel blues del principio! La gente no quería irse mientras cada vez aparecían más sonidos nuevos y ritmos más bailables. ¡¡¡La Jazz Cava demostró estar hecha a prueba de bombas!!! ¡Y el público lo reclamaba!

Eva Vila, coordinadora de las CCCB Jam Sessions

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