La filtración este verano de más de 75.000 archivos relacionados con la guerra de Afganistán ha hecho salir del anonimato a Julián Assange y convertirse en la cabeza visible de Wikileaks. El objetivo de proteger las fuentes se ha cumplido y la presión ha caído sobre el difusor tecnológico de la información.
Como Wikileaks, Assange es un curioso híbrido: sus habilidades como criptógrafo le llevaron a convertirse en uno de los arquitectos del modelo de Wikileaks. Sin embargo, hay algo, casi pasado de moda, que le define: el idealismo de los comprometidos.
La tecnología ha hecho posible crear esta enorme base de datos, los documentos se filtran con el objetivo de buscar la transparencia de los gobiernos y grandes corporaciones. Ahora, con los servidores alojados en un bunker subterráneo, bajo el paraguas legal del Partido Pirata, esta web se está convirtiendo en una realidad incómoda para el poder establecido.