Razones por las que Orwell no debería haber pasado a la historia

20 de junio de 2017 No Comments

Fotografías de Eric Blair (George Orwell) de su ficha policial | Wikipedia

El escritor George Orwell, autor de clásicos de la literatura como 1984 y Rebelión en la granja, vivió en Barcelona entre 1936 y 1937. Durante ese tiempo se hizo militante del POUM y luchó en el bando republicano en la Guerra Civil. Eric Arthur Blair –el nombre real de Orwell– rindió su tributo particular a Barcelona y al momento histórico que vivió con el libro Homenaje a Cataluña. ¿Qué retorno ha tenido la ciudad con el escritor? Aparte de ponerle el nombre a una plaza, hasta hace cinco años nadie había pensado en recordar a George Orwell. El CCCB, a propuesta de un grupo de expertos en el escritor, creó el Día Orwell, un tributo en forma de debate y ruta histórico-literaria. Pau Rubio, uno de los impulsores de la iniciativa, nos lo explica en este artículo.

En el caso de George Orwell la distancia que separa la historia del olvido es de un milímetro. Tan solo un milímetro: el que faltó para que la bala que le atravesó el cuello en el frente de Aragón lo convirtiese en un muerto anónimo. En un primer instante, incluso él mismo llegó a la conclusión de que aquel proyectil lo había matado, que habría sido lo lógico.

En caso de existir dimensiones paralelas, a buen seguro que en la gran mayoría de ellas a Eric Arthur Blair le puso el punto final aquel disparo. Lo hicieron desaparecer por el sumidero de alguna checa. Lo encontraron los tipos que lo fueron a buscar al Hotel Continental. Los agentes que inspeccionaron el tren en el que huía hacia la frontera sí optaron por pedirle los papeles. Su nombre de “trotzquista pronunciado[1]” sí llegó a tiempo a la lista del control fronterizo. De manera que en cualquier otro presente paralelo, nadie conoce a un tal George Orwell.

Son tantas las maneras en que el escritor inglés podría no haber pasado a la historia, que solo hay una de explicar que finalmente sí lo hiciese: tenía que hacerlo. La suya es una biografía tan improbable que cabe pensar que, de todos los mundos posibles, vivimos en el único en que ocurrió de esta manera. En cualquier otro, Orwell no sobrevivió a la guerra. O no cayó en una milicia del POUM. O, sencillamente, no obtuvo días de permiso justo en las fechas que le permitieron convertirse en testigo de los hechos de mayo en Barcelona. En consecuencia, jamás llegó a rendir un Homenaje a Cataluña. Y, por supuesto, en ningún sitio se los rinden a él.

Afortunadamente —y a pesar de que en tantas otras circunstancias deseamos lo contrario—, nuestro mundo no es otro mundo. Es este. Y aquí George Orwell sigue atrayendo a nuevos lectores, a pesar de los años transcurridos desde su fallecimiento. Su testimonio de la guerra civil ha resultado fundamental para que los vencedores de entre los vencidos no impusiesen su visión. La clarividencia extraordinaria en la lectura de su propio tiempo sigue proporcionando claves para entender el nuestro. Su obra se mantiene en las estanterías y en las mesitas de noche. Sigue filtrándose en conversaciones. Contra toda probabilidad, Orwell, ese tipo desgarbado que vino a Barcelona para defender la libertad y contarlo al mundo, permanece entre nosotros.

El que Orwell sintió por Cataluña fue un amor no del todo correspondido. Él lo proclamó a los cuatro vientos desde la portada y el lomo de una de sus obras capitales. Lo mantuvo fielmente hasta su muerte y con ello contribuyó a construir la marca universal que hoy en día es Barcelona. Todavía hoy un buen número de visitantes se acercan a la ciudad siguiendo sus pasos. Y a cambio, ¿qué le ha dado Barcelona a él?

Plaza George Orwell, Barcelona

Plaza George Orwell, Barcelona | Wikipedia

El periodista británico Nigel Richardson no salía de su asombro cuando en el año 2013 se presentó en Barcelona para preparar un reportaje con motivo del 75 aniversario de la publicación de Homenaje a Cataluña. El único lugar que recordaba al escritor era una plaza a la que unas cámaras de vigilancia convertían en verdaderamente orwelliana, pero a la que sin embargo nadie se refería por su nombre oficial, sino por otro un tanto más lisérgico. Por otra parte, en la ciudad nadie parecía estar al tanto de la efeméride. No había ningún acto programado ni existían visos de que ninguna institución tuviese la menor intención de reivindicar a Orwell.

Tras el encuentro con Richardson, dos de las personas que participamos en su reportaje sentimos algo parecido a la vergüenza. ¿Cómo era posible que Cataluña, y Barcelona en particular, hubiesen arrinconado hasta tal punto una figura de la que hubiesen debido apropiarse? No tenía sentido que en una ciudad de fastos culturales no existiese siquiera un tributo sencillo al autor de 1984 o Rebelión en la granja. Alguien debería hacer algo al respecto. Pero ¿quién?

Finalmente, a falta de reconocimientos oficiales, decidimos organizar uno oficioso. Quizá no éramos las personas más indicadas, pero en aquel momento éramos las únicas. El círculo de expertos al que expusimos la idea la acogió con entusiasmo y se ofreció a colaborar. El CCCB abrió sus puertas a la iniciativa y aquel mismo 2013 hubo un primer Día Orwell. La fórmula inicial se ha mantenido cada año desde entonces: rutas gratuitas por los lugares de Homenaje a Cataluña en las Ramblas, una conferencia y toda una jornada dedicada al escritor en redes sociales.

Con la salvedad del primer año, que tuvo carácter de prueba piloto, la respuesta del público ha sido excelente. Las rutas literarias, pese a haber aumentado en número, han ido agotando las plazas un año tras otro. Y el acto central en el CCCB, que no se ha apoyado en ponentes conocidos por el gran público, ha tenido una afluencia masiva de personas en todas las ediciones, demostrando así que en la ciudad había hambre de Orwell.

De este modo, y a pesar del olvido voluntario o negligente por parte de las instituciones, Cataluña y Barcelona por fin devuelven el homenaje a Orwell. Ojalá el #DíaOrwell mantenga viva durante muchos años la memoria de este autor improbable que supo encontrar su propia verdad entre las de otros. No solo sigue vigente y hace mucha falta, sino que, además, esta sea tal vez la única dimensión en la que existe.

Pau Rubio (@pauinthecloudes uno de los impulsores del #DíaOrwell.


[1]> En el momento en que Orwell y su mujer, Eileen Blair, cruzaron la frontera sus nombres ya constaban en un informe policial que los calificaba de “trotzquistas pronunciados” [sic]. Orwell estaba convencido de que la ineficacia policial les salvó la vida en aquella ocasión.

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