Lanzamos la segunda cápsula del proyecto #masacritica. Si en la anterior nos centramos en el crowdsourcing, mostrando sus ambivalencias y los diferentes tipos de modelos de retribución bajo los que pueden operar, esta vez queremos centrar el debate en el crowdfunding. El crowdfunding o financiación colectiva se basa en la financiación de un proyecto a través de microdonaciones de mecenas que reciben una recompensa acorde al dinero invertido. Para dinamizar el proceso de donaciones, las múltiples plataformas que hospedan proyectos que buscan ser financiados por este sistema, sitúan una fecha límite en la que se tiene que conseguir el monto total. Si llegada la fecha se ha conseguido (o superado) la cifra solicitada a la ‘masa’, el dinero se invierte en el proyecto. Si no se consigue alcanzar el objetivo, el dinero vuelve a los contribuidores. A grandes rasgos, así funcionan las plataformas de crowdfunding, en su mayoría inspiradas por Kickstarter, una de las plataformas decanas dedicada a proyectos de base creativa. Evidentemente, este sistema nos remite a rituales tradicionales, en los que una llamada a los fans o a comunidades afines daba como resultado la financiación de una maqueta musical o un cortometraje. Pero internet ofrece múltiples ventajas tanto a la hora de comunicar, difundir y posicionar el proyecto como a la hora de gestionar el proceso, dialogar con el conjunto de micromecenas, etc.

Como con la mayoría de sistemas de colaboración que estamos viendo emerger en la red, nos asaltan preguntas respecto a los objetivos últimos que buscan alcanzar así como su contribución en la creación de comunidades y en el diseño de procesos de producción y distribución de conocimientos, valores o beneficios. En ese sentido, resulta interesante ver cómo se entiende el concepto de ‘comunidad’ en las diferentes voces que hablan del crowdfunding. La ‘comunidad’ puede ser desde una red de usuarios activos que comparten información, conocimientos y beneficios de manera equitativa hasta un conjunto de consumidores que realizan un prepago para conseguir el producto deseado, aquel que sin su aportación, no podría existir. Esta mirada sobre lo que en cada caso se   entiende por comunidad es probablemente uno de los elementos esenciales en la concepción de una plataforma de crowdfunding y -en consencuencia- sobre las posibilidades que este sistema puede ofrecer en cada caso. En este mismo blog, la gente del proyecto Goteo escribía una interesantísima reflexión respecto a las posibilidades que el crowdfunding puede ofrecer para crear sistemas de gestión comunitaria y trasladarse de una filosofía del prepago a una filosofía del procomún.

Para esta cápsula hemos entrevistado a Andy Baio, Asesor y miembro del equipo de Kickstarter, Antonia Folguera, que ha coordinado y dinamizado diversos festivales de crowdfunding y a Olivier Schulbaum, co-fundador de Platoniq, colectivo que ha puesto en marcha el proyecto Goteo. Además de ofrecer definiciones y ejemplos de crowdfunding hemos querido situar diferentes miradas sobre el papel de la comunidad, sobre aquellos elementos que pueden dotar de más o menos éxito a un proyecto que busca ser financiaco por crowdfunding así como las oportunidades y peligros de ese sistema que, como veremos, puede utilizar la financiación como un fin para conseguir un producto o como un medio para conformar una comunidad.

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