«… rather than the closed object, the maximum expression of design today is the processthe activation of open systems, tools that shape society by enabling self-organisation, platforms of collaboration independent of the capitalist model of competition, and empowering networks of production».

—Joseph Grima, Adhocracy

Detergente. De veí a veí

En nuestras manos un litro de detergente. No tiene marca todavía. Hace unos días era aceite de cocina usado. Solo fue necesario un poco de curiosidad, conciencia ambiental, unas búsquedas en Internet y una red ciudadana para encender una chispa y divulgar una idea. El detergente que ha salido de una cocina en el barrio está siendo testeado por varios vecinos. Ahora necesitan un espacio para sacar la producción de las cocinas y trasteros de los pisos y, de ser posible, comenzar una red de distribución a escala barrial.

Ciudad, desempleo y cambio de modelo laboral

A principios del siglo pasado el humo saliendo de las chimeneas era símbolo de progreso y un reflejo del tejido industrial de las ciudades. A mediados del mismo siglo, a las fábricas desplazadas a la periferia de las ciudades se suma la aparición de edificios de oficinas y ciudadanos formados en profesiones demandadas por un aparato productivo cada vez más centrado en la especialización.

Hoy en día la deslocalización como estrategia capitalista ha desplazado los centros de producción a países emergentes [eufemismos aparte] dejando atrás a ciudadanos que ven truncados sus sueños y esfuerzos de conseguir un trabajo para acceder a los bienes prometidos y para el que tanto tiempo se habían preparado.

La ciudad es en realidad un sistema dinámico de equilibrios cambiantes, reflejo de una negociación constante entre partes diferentes y a veces antagónicas. Esta circunstancia se manifiesta parcialmente de forma física en el espacio construido: infraestructuras, edificios y sistemas de suministro y transporte. El intercambio de información, materia y energía entre componentes humanos y no humanos es un fenómeno que ocurre día a día y se ve favorecido por la heterogeneidad de estas partes.[1] Bajo esta óptica, la ciudad no es un concepto heredado, ni una serie de espacios ordenados según un plan maestro; es más bien una realidad que se construye día a día. [2]

En Europa, este fenómeno dinámico se hace evidente de manera especial en estos tiempos. La crisis es una forma de gobierno en la que conviene dibujar la idea de ciudades y países paralizados por las tensiones del momento, con escasez de recursos monetarios que justifican recortes sociales. Para revertir la situación se defiende con obstinación la aplicación de variaciones de las mismas fórmulas con diferentes nombres. Los políticos con una capacidad de acción limitada por las condicionantes del sistema y la renta política, escasamente conectan con las auténticas pulsiones y demandas ciudadanas. Ellos en definitiva siguen intentando seducir con la idea de un estado de crecimiento económico continuo cuando la práctica pone en evidencia que son pocos al final los grandes beneficiados, como si de un gigantesco esquema Ponzi se tratara, aunque en este caso avalado por leyes y normativas difíciles de entender por los ciudadanos. Este tipo de planteamientos políticos con el tiempo tienen menos eco en una ciudadanía que ahora se comunica y actúa de manera distribuida, ya que, además de receptores, son productores de información.

Las fricciones producidas se manifiestan en descontento social y pueden generar una «subida de temperatura» que se traduce en protesta. Es normal y necesario. Sin embargo es sugerente comprobar que una parte de esta energía no se disipa, sino que se transforma en empatía ciudadana y acción. Esta energía traducida en interés por las necesidades reales del familiar y del vecino puede también provocar movimiento y cambios en el entorno. Estos flujos de materia, información y energía nos revelan la ciudad como un fenómeno termodinámico. A la energía proveniente de fuentes comercializadas por grandes corporaciones se suma una fuente de energía empática ciudadana transformadora del entorno. La ciudadanía se descubre entonces como otro agente energético de cambio urbano. Y de manera análoga a los espacios de interacción en red o a las conexiones generadas en sistemas complejos, la ciudad puede proveer de los espacios adecuados para que ocurran dichas interacciones gracias a la concentración demográfica de los agentes mencionados, independientemente de la coyuntura económica.

El bienestar urbano está íntimamente ligado a la naturaleza del trabajo, la convivencia y las oportunidades de desarrollo que ofrece la ciudad. En el momento actual de escasez, movilidad del capital, deslocalización de las fuentes de trabajo, no queda claro de qué forma se proveerá de los medios de subsistencia a aquellas personas que quedan fuera del mercado laboral. Y dejar que los mismos mecanismos del sistema que provocan la escasez sean los que provean la abundancia es una huída hacia adelante cuanto menos ingenua.

Espacios de interacción y ciudadanos que hacen cosas

En España, los efectos de la actual situación económica han propiciado el cierre de empresas y de locales comerciales.[3] En clave metafórica, esta situación también se evidencia en el cierre de oficinas de bancos y cajas producto de la reconversión del sistema financiero. Como consecuencia de lo anterior, en la ciudad se generan una serie de espacios «sin uso», son espacios vaciados de actividad humana pero que siguen negociando su equilibrio dentro del sistema urbano.[4] Estos espacios, con la provisión de servicios necesarios (agua, luz, teléfono, banda ancha) se encuentran uniformemente distribuidos dentro de núcleos de población y pueden ser también espacios de formación cívica y política.

Las prácticas y cultura cívicas se forjan a través de flujos y asociaciones plurales y distribuidas que no se limitan a las plazas, parques y calles. Los espacios de formación ciudadana y participación política incluyen también las micropolíticas del trabajo, la escuela y espacios domésticos compartidos. Esperar a que los espacios ociosos sean absorbidos por el mercado inmobiliario, promoviendo su compra o alquiler es el equivalente a esperar a que funcionen las mismas fórmulas que han generado la situación actual. En este contexto, una alternativa sería favorecer las condiciones para permitir una actividad de transición en estos espacios y que la ciudadanía haga un uso no convencional de los mismos; experimentando con nuevas fórmulas de trabajo, ampliando así su radio de acción micropolítica.

El caso del detergente citado al inicio del post describe a ciudadanos que con energía y empatía proponen soluciones adaptadas a las necesidades locales. Se trata de ciudadanos formados y activos que hacen cosas motivados por solucionar un problema en particular y no aceptando respuestas a necesidades ficticias creadas desde fuera. Estos makers urbanos proponen soluciones usando las herramientas e información de que disponen. Si algo les caracteriza es el optimismo y que están convencidos del poder del autoabastecimiento, de la autosuficiencia y del trabajo en equipo; todas ellas cualidades necesarias para proponer soluciones no imaginadas todavía por las instituciones. El acceso a nuevos tipos de hardware abierto que permitan desarrollar productos o servicios y la conciencia de crear soluciones reales a problemas locales e incluso comenzar a revertir una situación de desempleo, pueden desencadenar reacciones interesantes. Utilizar locales o edificios vacíos para localizar MakerSpaces, lugares equipados donde la gente pueda reunirse, compartir ideas y hacer cosas, es una posibilidad sugerente.

La revolución industrial propició la aparición de productos idénticos y cada vez más sofisticados, demandando para ello profesiones especializadas. Asistimos ahora a una revolución de producciones limitadas y en estado de prototipo, una «nueva Revolución Industrial», según Chris Anderson. Las barreras de entrada inamovibles desde la última revolución están siendo sorteadas por el acceso a la información y herramientas que pueden incluso ser modificadas. Para apoyar este nuevo panorama productivo no se necesitan grandes cadenas de montaje ni fábricas con procesos industriales altamente estandarizados. Es necesario una serie de espacios de interacción para que las ideas de esos ciudadanos formados puedan cruzarse y contagiarse. Más que nuevas grandes fábricas se necesitan talleres y redes que los fortalezcan a escala local y los conecten a escala global. A experiencias low-tech como la del detergente pueden sumarse otras que utilicen tecnología ahora disponible como escáneres e impresoras 3D, cortadoras láser y plataformas de hardware y electrónica abierta como Arduino.

Según Anderson, el movimiento Maker comparte tres características transformativas que acortan radicalmente el camino entre idea y emprendimiento, de la misma forma que la web lo hizo con el software, la información y los contenidos [5]:

  1. Gente utilizando herramientas de escritorio para crear diseños de nuevos productos y prototiparlos (DIY digital).
  2. Una norma cultural para compartir y colaborar en comunidades en línea.
  3. El uso de estándares comunes de diseño que permiten a todo el mundo, si lo desea, escalar la producción a nivel comercial de la misma manera que les permite fabricarlo en su mesa de trabajo.

Improvised Vaccum. Transparent Tools por Jesse Howard

Como ejemplos de este tipo de procesos podemos enumerar diseños como las Transparent Tools de Jesse Howard. Una pequeña familia de electrodomésticos diseñados para que los usuarios se involucren activamente en la producción, reparación y modificación de los mismos. A este proyecto podría agregarse una variante del Street Food Printing desarrollado por Paco Morales, GGLab, Luis E. Fraguada, Deniz Manisali. El Stratigraphic Manufacturing de Unfold propone nuevos métodos de fabricación de piezas de porcelana que pueden producirse localmente pero a la vez compartir los diseños globalmente, permitiendo adiciones al modelo original dependiendo del lugar de fabricación. Subvirtiendo las instrucciones de uso de productos IKEA, Antonio Scarponi ha desarrollado ELIOOO, un sistema de cultivo hidropónico doméstico que ha sido posible gracias a una campaña de crowdfunding.

Partes y Componentes. OS Waterboilingpor Jesse Howard

Al acceso a tecnologías abiertas se une la creciente oferta formativa y de intercambio de información y experiencias disponibles en línea. En la dirección de experiencias como la desaparecida Platform 21 conocida por su Repair Manifesto se encuentran plataformas de intercambio como iFixit o Make. Otras plataformas como Open Structures exploran la posibilidad de desarrollar sistemas constructivos modulares en los que «todo el mundo diseñe para todo el mundo» a partir de una misma base geométrica, una especie de Mecano colectivo.

En el ámbito académico, como evolución en línea de la clase convencional se encuentran Coursera y la Khan Academy o la proliferación de MOOC que abren la posibilidad de acceder a bloques de formación e información difícilmente accesibles por los gastos de matrícula y desplazamientos que implica estudiar en algunas instituciones de prestigio. Pese a que existen voces críticas ante la emergencia de los MOOC, sobre todo por percibirlos como una forma más de privatización de la comunicación y aprendizaje abierto, no cabe duda que son una alternativa más a los canales tradicionales de formación.

Partes y Componentes. ELIOOO por Antonio Scarponi

Existen alrededor del mundo espacios de trabajo que comparten regularmente experiencias y fomentan la colaboración. En Barcelona pueden encontrarse este tipo de espacios en los que fabricar y hacer cosas junto a otros (DIWO) como el MOB, donde ya calientan motores para la primera Feria Maker en la ciudad y que funciona también como espacio de coworking. Existen ya proyectos centrados en desarrollar iniciativas de innovación, como el MakerConvent, enmarcados dentro de la cultura de proximidad y dirigidos a formar a adultos desempleados en el uso de las nuevas herramientas digitales de creación y producción en el ámbito del sector audiovisual. Es de referencia también el FabLab vinculado al IAAC, que trabaja también en el desarrollo del Valldaura Self Sufficient Lab, centrado en temas de permacultura y suficiencia energética. Este último es interesante, ya que no se centra en el desarrollo de productos, sino en el fomento de una cultura de vida consciente de los recursos materiales, los flujos de energía y los ciclos de alimentación.

En Estados Unidos la experiencia del GenSpace sugiere nuevos límites antes reservados a centros de alta especialización. Este espacio, situado en Nueva York, busca promover el acceso ciudadano a la ciencia y a la biotecnología. En 2010 abrieron el primer laboratorio biotecnológico comunitario con Nivel de Bioseguridad Uno para los usuarios. De esta forma se promueven experiencias extracurriculares dirigidas a estudiantes y emprendimiento científico en campos emergentes como la biología sintética. Es posible que en un futuro cercano no nos sorprenda saber que el hijo del vecino esta trabajando en el desarrollo de un láser biológico, que sirva para estudiar la interacción entre macroestados biológicos y fenómenos de escala cuántica.

Open Structures Workshop. Bruselas.

Combinando materia, energía e información

La formación abierta y a medida, el open hardware, la subversión de los procesos industriales, el salto a procesos de fabricación personalizada, los nuevos modelos de financiación colectiva y la experimentación con sistemas de moneda locales combinados con la detección y fortalecimiento de redes vecinales preexistentes, son una combinación sugerente para iniciar nuevos procesos de intercambio y revitalización en ciudades que sufren procesos de recesión económica.

La estructura productiva nos ha moldeado para entender el trabajo como algo que encontramos en lugar de ser algo que creamos. Cuestionar la naturaleza del trabajo es importante y el movimiento maker da pistas de nuevos significados que impliquen crear valor y construir infraestructura ciudadana.[6] Pero también es necesario cuestionar las formas de retribución, y generar nuevas formas de intercambio requiere también similares dosis de creatividad. El emprendedor creativo sin dinero es una realidad y puede que experiencias de financiación como el crowdfunding o experimentos monetarios como el Bitcoin no sean la solución para todo, pero aportan indicios sobre un posible camino a seguir. Intercambiar «productos creativos» utilizando moneda [física o electrónica] que llega más fácilmente a manos que especulan y no a manos que producen, es un reto pendiente de solución.

Mantener los modos de producción industrial al ritmo actual parece una apuesta arriesgada y defender el crecimiento continuo como salida a la crisis es algo que parece no tener mucho sentido en el momento actual. Necesitamos ideas y estrategias que moderen esa voracidad y que a modo de transición actúen como germen para fortalecer redes relacionales, que podrían configurar un nuevo tipo de conexiones urbanas en sintonía con las necesidades reales de los ciudadanos. El concepto de tarea colaborativa, de proceso constante y de hacer cosas junto a otros [DIWO] que propone el movimiento Maker es fundamental de cara a proponer una forma diferente de organización del trabajo y que, a la vez, proporciona un marco de relaciones ciudadanas que determinen lo que es mejor para la mayoría, evitando así usos potencialmente destructivos de las nuevas herramientas.

Entender los flujos de relaciones, materia, energía e información que dan forma a la ciudad es un reto para los cuadros de gestión de la ciudad. Entender que variables energéticas como la empatía ciudadana que escapan a métricas de eficiencia puede desencadenar transformaciones espaciales es otro reto pendiente. Los espacios y los ciudadanos citados en este post nos están mostrando caminos en esta vía. Como una evolución del símbolo de las fábricas y las oficinas del siglo pasado, sería interesante facilitar la emergencia de una red de nodos de makers ciudadanos, que propongan procesos y nuevas formas de trabajo y de retribución facilitando de entrada la ocupación temporal de locales o edificios ociosos distribuidos dentro de la ciudad.

En definitiva no se trata de planificar la ciudad del futuro repleta de gags tecnológicos, sino de aprender a leer y potenciar la interfaz de energía que se genera entre ciudadanos empáticos y los espacios que habitan y negocian ahora. Y dejar que la tecnología los alcance. [7]

————————————-

Nota: En las imágenes mostradas en este post no aparece ninguna persona. Es una alegoría intencionada, para mostrar que no las encuentras solo navegando en la red. Aquí comparten información pero ahora están en algún rincón de la ciudad… haciendo cosas.

[1] Usman Haque. What Is a City that It Would Be ‘Smart’?. Volumen 34. Archis. Ámsterdam 2012.

[2] Domenico di Siena. «Sentient City. De la Smart City a la Ciudad del Conocimiento». Conferencia en Escuela Elisava el 24 de enero de 2103.

[3] Para estadísticas precisas consultar: Álvaro Menéndez y María Méndez. Resultados de las Empresas no financieras. Cuarto trimestre de 2012 y avance del cierre del ejercicio. Banco de España. Boletín Económico, marzo 2013 (consulta hecha el 3 de abril de 2013).

[4] Ash Amin. Collective culture and urban public space. City, 12:1, 5 – 24. URL: http://dx.doi.org/10.1080/13604810801933495 (consulta hecha el 3 de abril de 2013).

[5] Chris Anderson. Makers: The New Industrial Revolution. Nueva York 2012.

[6] Dale Dougherty. Making Jobs. Make Blog (consulta hecha el 4 de abril de 2013).

[7] Variante de «Don’t ask about cities in the future. Focus on what’s happening in cities now and let the technology follow», por Usman Haque en Future Everything.

Tags: , , , , , , , , , ,

El texto de este artículo está bajo la licencia Reconocimiento – NoComercial

5 comentarios

  • hari ha dicho:

    18 jun 2013

    Link to Ash Amin’s book is a not-so-open-access, though..

  • Equip CCCB LAB ha dicho:

    19 jun 2013

    Unfortunately You are right. But We can offer you a solution. There is another project at CCCB called PUBLIC SPACE where they published an article by Ash Amin called: “Collective culture and urban public space” (2006) available at http://www.publicspace.org/en/text-library/eng/b003-collective-culture-and-urban-public-space
    We hope this is useful.

  • Open All Areas: Nous públics europeus | CCCB LAB ha dicho:

    17 jul 2013

    [...] canviar processos de treball i també canviar de mentalitat. En aquest canvi, hi ha el concepte de construcció de ciutadania, i la reflexió sobre què entenem des de les institucions en aquest sentit i quin paper tenen o [...]

  • #REPÀSCCCB | StudyFun International ha dicho:

    01 ago 2013

    [...] público virtual, El nuevo ecosistema productivo: fabricación personal, distribuida y abierta, Ciudad, espacio, trabajo y gente que hace cosas, La actitud lúdica como base del proceso creativo, La revolución del común. ¡Imperdibles [...]

  • jose luis martinez llopis ha dicho:

    05 oct 2013

    extremely illuminating. Apparently, being together as co-workers is easier than getting together as citizens.
    Congratulations.
    J.

Deja un comentario

Current day month ye@r *